Cooperativas de ovejas, una iniciativa de éxito para saharauis víctimas de minas

Hace un par de años, nos sorprendía un proyecto de cooperativas con ovejas en los campamentos de refugiados saharauis, en Tinduf. La iniciativa consistía en la adquisición, por parte de víctimas de minas y de sus familias, de unas pocas ovejas con las que constituir una economía familiar contribuyendo así a desarrollar la integración social de los afectados por las minas terrestres y otros restos de guerra que aún permanecen enterrados en el Sahara Occidental.

Desde entonces, este planteamiento de negocio familiar con ganado ovino ha dado muy buenos resultados incrementándose el número de cooperativas y también, por tanto, el de familias beneficiarias gracias a nuevas financiaciones de entidades solidarias, ayuntamientos o la UNMAS, el Servicio de Acción Anti-Minas de Naciones Unidas.

El proyecto, impulsado por Marta Aoiz y ASAVIM, la Asociación Saharaui de Víctimas de Minas, ha recuperado la ilusión para algunas de las familias con mutilados por minas terrestres. Con un programa innovador en este pedazo de desierto y la constatación de buenos resultados, la prosperidad de estas cooperativas infunde esperanza en uno de los sectores más desfavorecidos entre la población refugiada saharaui.

Una de las claves del éxito de esta iniciativa es que la finalidad de cada una de las cooperativas no es sólo ofrecer, a las familias beneficiarias, la posibilidad de salir de la situación de pobreza en la que se encuentran, sino que se pretende también la creación de nuevas cooperativas a partir de la cesión de las ovejas que, en los dos primeros años, va “devolviendo” cada familia beneficiaria. Es decir, una familia destinataria recibe, en un principio, 5 ovejas preñadas o, preferiblemente, con cría. Y debe entregar 4 ovejas al final del primer año, y 3 más, al final del segundo.

A partir del tercer año, ya no se exigirá a la familia beneficiaria entregar más animales, pero se pactará mantener un determinado número de cabezas en los años tercero y cuarto con el fin de hacer productiva esta forma de microeconomía local e ir constituyendo nuevas cooperativas con las ovejas devueltas. De esta manera, este tipo de cooperativas se convierten en una propuesta de inversión convincente, viable y dentro de un modelo sostenible.

Ya aquí, en el artículo Cooperativas de ovejas para las víctimas de minas en el Sahara Occidental, explicamos más ampliamente en qué consistía este interesante proyecto y detallamos sus principales características, así como su implementación en los campamentos de refugiados. Algo más de un año después, hemos podido conocer en el terreno cómo han prosperado estas cooperativas y hemos podido visitar, acompañados por Daha Bulahi, responsable de ASAVIM, algunas de las víctimas de minas con las que trabaja la asociación.

Daha Bulahi, de ASAVIM, con Jadiyetu y sus hijos / foto: @lluisrodricap

Quedarme a pasar la noche en la wilaya de Auserd fue lo mejor para poder visitar, a primera hora de la mañana, la jaima de Jadiyetu y ver que los niños de la casa aún rondaban por ahí antes de que se marcharan al colegio. Jadiyetu es la mujer de la familia beneficiaria de una de las cooperativas. Su marido, Abdelahi, es guarda en la Media Luna Roja Saharaui desde 2013. Son beneficiarios de la cooperativa porque Abdelahi sufre de una parálisis en una pierna por una mina que le explotó una vez finalizada la guerra.

Las minas antipersona no entienden de guerras acabadas ni de armisticios. Su vida continúa por muchos acuerdos de paz que se firmen o armas se depongan. Para ellas, la guerra continúa y permanecen enterradas a la espera de ser detonadas por algún desventurado que pasa cerca.

En el caso del Sahara Occidental, se calcula que hay entre 7 y 10 millones de minas sembradas alrededor del Muro de la Vergüenza, la vasta barrera física y militarizada que divide de norte a sur el territorio. Pero en los años de la guerra (1975 – 1991), las Fuerzas Armadas Reales marroquíes, que utilizaron masivamente todo tipo de minas, no solamente minaron los alrededores del muro, sino también otras zonas convirtiendo al Sahara Occidental en uno de los países más contaminados por minas terrestres, bombas de racimo y otros explosivos sin explotar.

La guerra terminó, pero las minas permanecieron activas afectando a población de ambos lados del muro. Actualmente, se siguen sucediendo víctimas mortales o supervivientes que acaban siendo mutiladas.

El hijo de Jadiyetu con una de las ovejas de la cooperativa / foto: @lluisrodricap

Jadiyetu nos acompañó, a Daha y a mí, al corralito donde están sus ovejas. Había unas trece, y parecen bien cuidadas. En Cooperativas de ovejas para las víctimas de minas en el Sahara Occidental, ya explicamos que las ovejas iniciales de las cooperativas son compradas en los mismos campamentos de refugiados para asegurar la aclimatación de los animales a las duras condiciones de vida en la hamada y que ASAVIM realizó un estudio para conocer la adecuada alimentación para los animales y su consumo medio apropiado.

Este mes de marzo pasado, la cooperativa de Jadiyetu y su familia acaba de cumplir un par de años. Esto significa que deben devolver 3 ovejas, que contribuirán a la constitución de otra cooperativa para otra nueva familia beneficiaria. De esta forma, Jadiyetu y su familia se quedan con 10 animales. Bueno, esperaban acabando ser 11, pues una de las ovejas estaba preñada a principios de mes. Pero Daha me acaba de confirmar que la preñada trajo dos crías. Así que finalmente se han quedado con 12 ovejas. Bienvenida a las pequeñas.

Las ovejas de la cooperativa de la familia de Jadiyetu / foto: @lluisrodricap

Después de la visita a la cooperativa de Jadiyetu, el 4×4 de Daha salió del campamento de Auserd rumbo al Centro del Mártir Cherif. La carretera cruzaba la inmensidad del desierto y no se veía nada a lo lejos miraras donde miraras. Sólo arena y horizonte.

Más adelante, pasamos de largo Smara y, al cabo de unos kilómetros más, a la altura del campamento de Bojador, nos salimos del asfalto y nos adentramos, hacia la izquierda, en el suelo pedregoso de la hamada. Pronto se divisaría el Centro Mártir Cherif para heridos de guerra y víctimas de minas.

Daha había quedado allí con Salama Hussein, quien le estaba esperando. Era el cocinero que ASAVIM iba a contractar para el centro. Su trabajo consistiría, a partir de entonces, en cocinar para aquellas personas del centro que no pueden valerse por sí mismas.

Salama Hussein (izquierda), firmando su contrato de trabajo. A su lado, Daha Bulahi (derecha), responsable de ASAVIM / foto: @lluisrodricap

Luego pasamos a visitar algunas de las dependencias del centro donde viven los heridos de guerra y las víctimas de minas. En la primera de ellas, nos encontramos con Brahim Salem, víctima de mina.

Brahim Salem (derecha), junto a Daha Bulahi (izquierda) / foto: @lluisrodricap

Visitamos también la estancia de Mohamed Salem Larosi, víctima también de una mina. El accidente tuvo lugar hace poco más de diez años, cuando el camión con el que transportaba alimentos pisó una mina terrestre cerca de Tifariti, en los Territorios Liberados.

Mohamed Salem Larosi (derecha), víctima de mina / foto: @lluisrodricap

Hay quien, incluso, permanece en el centro por heridas sufridas en la época de la guerra, como Aliyen Khalifa, que cayó herido en los últimos años de la contienda.

Todas estas personas han sufrido la guerra, el exilio, la lucha por la supervivencia y continúan padeciendo situaciones de precariedad debido a las mutilaciones y otras deficiencias provocadas por las heridas. Pero si estas dolencias ya son incapacitantes por sí mismas, todo resulta aún más complicado si el contexto es vivir en un campo de refugiados en medio del desierto del Sahara.

Es por esto que el trabajo que realiza ASAVIM con los residentes del Centro Mártir Cherif es de una incuestionable valía, pues, desde su creación en 2005, trabaja para la reintegración de estas personas en la sociedad y para la recuperación de su autoestima con programas de reorientación psíquica y social.

Pero la falta de financiación en los campamentos de refugiados de Tinduf hace que la dependencia de la ayuda humanitaria del exterior sea cada vez mayor.

Subimos otra vez al coche y nos dirigimos a la sede de ASAVIM, en Rabuni, donde Daha esperaba la visita de una delegación de las Islas Baleares que se había desplazado a los campamentos para el seguimiento y supervisión de diferentes proyectos para la población refugiada saharaui.

La delegación, formada por el presidente y la gerente del Fons Mallorquí de Solidaritat i Cooperació, Joan Verger y Antònia Rosselló; la regidora del Ajuntament d’Alaró, Aina Sastre; y la presidenta y el coordinador sanitario de la Associació d’Amics del Poble Sahrauí de les Illes Balears, Catalina Rosselló y Pep Bibiloni, pudieron conocer, de la mano de Daha, el trabajo que lleva a cabo ASAVIM con las víctimas de minas y restos de guerra así como la situación socioeconómica de estas personas y sus familias y las graves consecuencias que sigue causando el Muro de la Vergüenza.

Daha Bulahi (derecha) da a conocer el trabajo que realiza ASAVIM a la delegación venida de las Islas Baleares / foto: @lluisrodricap

Una de las primeras tareas en que se centró ASAVIM en el momento de su fundación fue la creación de un censo de todas las víctimas supervivientes de minas, bombas de racimo y otros restos de guerra. Con el tiempo, se fue constituyendo una base de datos que permitió optimizar los trabajos de asistencia a las víctimas, sobre todo en cuanto a higiene y material de movilidad, como son las sillas de ruedas.

Pero entre otras intervenciones, como la provisión de alimentos en las familias más empobrecidas, la asistencia médica a domicilio de pacientes encamados o la adaptación de viviendas, ASAVIM cuenta con el exitoso proyecto de las cooperativas de ganado ovino.

Todo empezó con aquellas dos primeras cooperativas, Esperanza y Constancia. La primera fue financiada por el evento solidario 40 visiones saharauis, y la segunda, por la asociación Sahara Horta, aunque ambas contaron también con la colaboración de otras entidades solidarias catalanas, como la Federació ACAPS (Federació d’Associacions Catalanes d’Amics del Poble Sahrauí), y algunas administraciones, como el Fons Català de Cooperació al Desenvolupament, de la Generalitat de Catalunya, y el ayuntamiento de Vilafranca del Penedés.

Pronto, otras entidades fueron interesándose por esta iniciativa, como la asociación italiana Run For Live y la catalana Santa Coloma amb el Sàhara, que se convirtieron también en donantes para la tercera y cuarta cooperativa respectivamente.

Pero el proyecto adquirió otra nueva dimensión cuando la ONU, a través de su organización Servicio de Acción Anti-Minas de Naciones Unidas (la UNMAS, en sus siglas en inglés), decidió financiar 11 cooperativas nuevas para las correspondientes 11 familias beneficiarias.

Y de todas ellas, se siguen constituyendo otras nuevas gracias a las ovejas que se van devolviendo. El gasto en alimento de estas segundas cooperativas que se van constituyendo es de unos 650€ al año.

Actualmente, ya se cuenta con más de una veintena de cooperativas familiares (¡en sólo dos años!), y el Gobierno español ya ha se ha comprometido a financiar 10 más.

El reconocimiento por el trabajo de ASAVIM y los buenos resultados obtenidos en estos dos años, han convertido el proyecto en una apuesta de éxito con el que mejorar la calidad de vida de los afectados por las minas terrestres y de sus familias.

Si se está interesado en participar en una de estas cooperativas, se puede contactar con ASAVIM a través de uno de sus responsables, Daha Bulahi, con el correo electrónico bulahi65@gmail.com

También se puede contactar con Marta Aoiz con el e-mail pintorabcn@gmail.com

 

 

(*) foto de cabecera: el hijo de Jadiyetu con una de las ovejas de la cooperativa / foto: @lluisrodricap

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