El Sáhara, ausente en el acuerdo de gobierno PSOE-UP

Acabamos el 2019 conociendo el acuerdo de gobierno con el que Pedro Sánchez se presentará a la investidura nada más comenzar el 2020. Pero en el documento del acuerdo, no consta ningún punto ni alusión alguna a la resolución del conflicto del Sáhara Occidental a pesar de que las principales formaciones que previsiblemente llevarán al PSOE a la presidencia del Gobierno sean Unidas Podemos, el Partido Nacionalista Vasco (PNV) y Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), todas ellas defensoras del derecho inalienable del pueblo saharaui a la autodeterminación.

 

Han pasado más de ocho años y medio desde que aquella revolución social de los «indignados» hervía en las plazas y calles de las principales ciudades del Estado en forma, incluso, de acampadas de protesta para reivindicar una democracia más participativa y crítica con el bipartidismo del Partido Popular (PP) y del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y con los grandes poderes económicos. Era el 15M, y un halo de esperanza recorría, en plena crisis económica, los corazones de aquellos indignados sitiados en plazas solidarios también con otras plazas aún más lejanas, como la Sintagma, de Atenas, o la de Tahrir, en El Cairo, que llevaba meses de Primavera Árabe.

Aún recuerdo, en la Plaça Catalunya, de Barcelona, aquella gran pancarta que rezaba «15MparaRato» y que no era otra cosa que el nombre en forma de slogan de una plataforma ciudadana que pretendía perseguir judicialmente al que había sido nada menos que vicepresidente del Gobierno Aznar con el PP y director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI). Entonces era ya director de Bankia, y pensé «¡Qué ilusos somos!». Pero con el tiempo, aquel hombre acabó en prisión. Ahí estaban las ganas de cambiarlo todo. Y esta vez, parecía diferente, pues cada vez éramos más los dispuestos a cualquier cosa. Tanto, que empezó a calar el mensaje de que, por fin, el miedo estaba empezando a cambiar de bando. Luego llegaron las reacciones desde el otro lado y legislaron para protegerse de aquel empoderamiento colectivo, como cuando aprobaron la Ley Mordaza mientras, desafiantes, nos retaban con un «si no os gustan las normas, presentaros a las elecciones». Pues bien, algunos se organizaron y lo hicieron. Y vaya que si lo hicieron….

Las CUP (Candidatures d’Unitat Popular), una fuerza con larga trayectoria municipalista en Catalunya, decidió presentarse, por primera vez, a las elecciones al Parlament en 2012 obteniendo representación con tres escaños. Más éxito consiguió Podemos en las elecciones europeas de 2014, cuando, tan sólo unos pocos meses después de fundarse el partido, los de Pablo Iglesias obtuvieron cinco diputados en el Parlamento Europeo.

En 2015, Podemos y sus confluencias materializaron sus éxitos en las municipales con las alcaldías de buena parte de las ciudades más importantes del Estado, como Madrid, Barcelona, Zaragoza, A Coruña, Santiago, El Ferrol y Cádiz. Fueron los llamados Ayuntamientos del Cambio y estaban empeñados en demostrar que había “otra manera de hacer política” y que se podía gobernar «para la gente».

Pero para las elecciones generales, los de Pablo Iglesias no lo tendrían tan fácil. A pesar de cosechar un resultado considerable en los comicios de 2015 y 2016, cuando incluso se barajaba la posibilidad de un sorpasso al PSOE por parte de la formación morada, no fue posible la conformación de un gobierno de progreso. Sin entrar en el porqué, la realidad ha sido tozuda con los de Pablo Iglesias y el líder de la formación morada se ha visto vetado, desde entonces, para un gobierno de coalición con el PSOE. Pero si la realidad ha sido testaruda con Iglesias, también lo ha sido con el líder de los socialistas, que, después de rechazar durante cuatro años la posibilidad de presidir un gobierno con UP, se ha visto obligado a pactar con esta formación y aceptar la abstención de ERC si quiere verse otra vez como el inquilino de La Moncloa. De esta forma, una formación surgida de aquel 15M consigue entrar en el gobierno del Estado ocho años y medio después de aquella revuelta que significó el «movimiento de los indignados». Veremos en qué quedan aquellas aspiraciones surgidas de las plazas. Pero algunos ya tenemos nuestra primera decepción antes incluso de que el nuevo Gobierno eche a andar. El motivo de tal descontento es no observar, en el documento del acuerdo para el nuevo Gobierno, ninguna mención concreta al posicionamiento de España en relación con el conflicto del Sáhara Occidental, a pesar de que el acuerdo de investidura parece que vaya a ser posible gracias a la voluntad de Unidas Podemos, PNV y ERC, partidos que siempre se han mostrado partidarios de que el pueblo saharaui pueda ejercer su inalienable derecho a la autodeterminación.

Los que llevamos tiempo andando junto a los saharauis en su camino hacia la libertad conocemos de las maneras de España para con los saharauis y sólo nos queda esperar que, a pesar de no observar referencia alguna al conflicto del Sáhara Occidental en el documento del pacto de Gobierno, el apoyo de UP, PNV y ERC se traduzca en algo más que en articulados en los programas electorales – cuando los ha habido – para esta frágil legislatura que se inicia. Sobre todo, teniendo en cuenta la urgencia de la resolución del conflicto dado el delicado contexto internacional que acecha la región del Sáhara y el Sahel. No olvidemos tampoco las demandas a la ONU – en forma de advertencias – manifestadas en el XV Congreso del Frente Polisario celebrado en Tifariti, ciudad de los Territorios Liberados del Sáhara Occidental, a finales del pasado mes de diciembre.

Veremos que nos depara este 2020, pero esperemos que sea un compromiso firme con el pueblo saharaui que conduzca a la consecución, por fin, de un Sáhara libre.

 

 

 

(*) Foto de cabecera: detalle de la fachada del Palacio de las Cortes / foto: @lluisrodricap

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