El Sahara Marathon, más que una carrera solidaria

A finales de este mes de febrero, tendrá lugar, en los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf, en Argelia, la 19 edición del Sahara Marathon, una carrera solidaria donde corredores de todo el mundo participarán en apoyo a la lucha del pueblo saharaui por su libertad.

Jose es uno de esos corredores que un día se propuso participar y conocer de cerca también la realidad del pueblo saharaui. Lo que se encontró fue mucho más que una simple competición en el desierto. Ésta es su historia, así es el Sahara Marathon.

 

El Sahara Marathon es una carrera que, desde su primera edición, en 2001, pretende sensibilizar, a través del deporte, a la sociedad occidental para evitar que la causa saharaui caiga en el olvido. Nació como una simple maratón con el fin de dar visibilidad al conflicto del Sahara Occidental y expresar solidaridad con este pueblo, pero pronto serviría también para recaudar fondos para proyectos humanitarios y deportivos para los refugiados.

De esta manera, corredores de los cinco continentes se dan cita cada año en los campamentos de refugiados saharauis para participar en una de las carreras más emblemáticas. Jose no quiso desaprovechar la ocasión de vivirla en primera persona y se unió a la tropa de atletas que puso rumbo a Tinduf aquel febrero de 2012.

Jose, en un momento del Sahara Marathon / foto cedida por el corredor

Me enteré por Internet”, explica Jose. “Por la edad, estaba bastante cansado de competir y de ir siempre pendiente del crono. Entonces ya estaba pensando en dejar de estar federado, hacer una retirada digna y seguir corriendo a mi aire. Y descubrí el Sahara Marathon de casualidad mientras buscaba por Internet carreras diferentes, que no fueran de asfalto.

Jose pertenece al Club d’Atletisme de Nou Barris, en el Parc de Can Dragó, de Barcelona. Junto a un grupo de otros sesenta corredores más, con los que comparte un entrenador en común, cada temporada participan en todo tipo de maratones y otras carreras de fondo del atletismo.

Pero donde no había corrido Jose aún era en el desierto. Así que, una vez descubrió el Sahara Marathon, se informó bien de la carrera y decidió preparase para correrla.

– Estuve un año y medio entrenando. Y cambié los protocolos que tenía de entrenamiento. O sea, hacía tiradas más largas y también de montaña sin saber exactamente a dónde iba y qué era correr en el desierto. Y es que no es lo mismo correr en el asfalto que correr en arena o en tierra blanda, que tiene una dificultad añadida. Y eso, dejando a un lado la temperatura que me encontraría en el Sahara.

– ¿Cómo y con quién te desplazaste hasta allí?

– Me fui solo. Me puse en contacto con la organización – concretamente con Diego Muñoz, director del Sahara Marathon – y, a través de correos, hicimos todos los trámites de visados, viaje, inscripciones, etc. Y un día cogí el puente aéreo y me presenté en Madrid en la terminal y el mostrador que me habían indicado. Y allí fue donde empezó mi aventura del Sahara Marathon.

– ¿Y cuál fue tu impresión al llegar por primera vez a los campamentos de refugiados saharauis?

– Bueno, yo sabía que tú habías estado allí varias veces y me acuerdo que te pregunté si la casa donde siempre estabas tú era en Smara. Porque yo también iba a Smara. Y ya fue cuando me explicaste quienes eran Taqi y Rabub y me diste sus indicaciones.

Se hace un breve silencio. Siempre hay uno cuando, en nuestras conversaciones, salen Taqi y Rabub. Ya no están entre nosotros, pero sí en nuestros corazones.

Después del breve alto, Jose siguió explicándonos:

– Entonces, yo di, a la organización, las señas de Taqi y Rabub: en la daira de Mahbes y tal. Y sí, no fue ningún problema estar alojado con ellos durante esos días. Y llegar allí fue toda una movida… Llegamos a Tinduf de noche después de más tres horas y media de vuelo, y luego estuvimos otras tantas horas más en el aeropuerto antes de salir hacia los campamentos, ya de madrugada.

Ya en el aeropuerto de Tinduf, te haces una idea de a dónde vas, porque ya lo ves: es un aeropuerto militar donde nos hicieron rellenar una serie de papelitos. Y todo era manual y uno a uno… Y claro, ¡éramos un vuelo chárter con 280 personas!, jaja…. Y luego sales afuera y te encuentras a unos autocares que te están esperando …autocares a los que les faltan cristales y cortinas, un camión volquete donde ahí iban todas las maletas …Y entre que llegas a los campamentos y luego te conducen a la jaima, ¡pues las seis de la mañana!, jaja… Y entonces ocurrió una cosa chula que me impactó bastante: la primera oración del día para los musulmanes es al alba, justo antes de la salida del sol y que, en aquellos días, sería hacia las seis de la mañana. Entonces, los altavoces de los campamentos empezaron a llamar a la oración. Y claro, esto, oírlo la primera vez, impresiona un montón. Y hacía justo media hora que me había metido en el saco de dormir, y me dije: “¡dónde estoy!” Eso fue, digamos, la primera señal de decir “estoy en un sitio especial”. Pero bueno, muy bien, muy bien. Y ya el primer día, con Manna, Mohamed, la familia…. ¡Superbién!

– ¿Y cómo es correr el Sahara Marathon?

– Desde el punto de vista deportivo, es una carrera que todo el mundo que hace fondo la debería hacer al menos una vez en la vida, porque es correr en una superficie que no es habitual. Al menos aquí, en la Península Ibérica. Y después tiene la otra parte, que es la que te toca y que te deja marcado para siempre, que es la gente. La gente, la situación, el pueblo saharaui en general.

En cuanto a la prueba, sí, es dura, claro. Como toda maratón, es dura. Pero bueno, en mi caso, creo que nunca me había preparado tan bien para lo que iba a hacer. De hecho, no tuve problemas físicos importantes salvo alguna sobrecarga el día siguiente. Creo que hice el 24 de la general y el quinto de la categoría. O sea que, satisfecho.

La maratón, que son 42,195 kilómetros, sale del campamento de El Aaiún, pasa por el de Auserd y tiene la meta en el de Smara, concretamente en [los edificios que llaman] Protocolo. Y después está la media maratón, que es de 21 kilómetros y sale de Auserd y llega a Smara, Las dos maratones salen a horas diferentes para que no se junten todos los corredores en la meta.

Y como carrera, es de las mejores de las que he participado desde el punto de vista de la organización, porque montar una maratón en un desierto no es nada fácil. Además, que haya gente que se despiste y se salga de la ruta es muy probable, pero ya está ahí el Frente Polisario arriba y abajo con vehículos para controlar que nadie se salga del recorrido. Aparte que garantiza la seguridad, claro.

También están los postes a cada kilómetro para hacer de guía, porque, cuando llegas donde las dunas, es muy fácil desorientarte, por ejemplo. Y los controles cada cinco kilómetros al principio y luego, cada dos, donde te proporcionan agua, naranjas y dátiles. También hay personal sanitario en cada uno de ellos.

La carrera consta de dos partes. En la primera parte de la carrera, que es plana, no ves nada. Y es que no hay nada, sólo tierra y piedra. No hay ni árboles. Solamente están las pisadas de los que van delante de ti.

Y después, tenemos la segunda parte, que es la que va de Auserd hasta la meta. Y ahí está la zona de dunas, que es preciosa pero que realmente es exigente desde el punto de vista físico. Recuerdo que, cuando estaba en mitad de las dunas, veía a un corredor que iba a 200 metros delante de mí, pero lo veía cuando yo estaba encima de la duna. Cuando bajaba la duna, dejaba de verlo. Y cuando volvía a subir la siguiente duna, lo volvía a ver… Y así fuimos hasta la meta. No conseguí recortarle nada, ni un metro. Y bueno, luego nos saludamos en la meta. Él, que era italiano, sabía que yo venía detrás, y, como me dijo, “nos hemos apoyado el uno al otro”. Yo quería cogerlo y él no quería que yo le cogiera a él. Bueno, estuvo bien.

– ¿Tienes alguna sensación a destacar?

– Pues, ya en la salida, se me pusieron los pelos de punta. Yo ya empezaba a estar impregnado de lo que estaba ocurriendo con el pueblo saharaui y, más concretamente, con la población refugiada de Tinduf. Y el ver toda esa cantidad de gente allí gritando, las mujeres ululando… impresiona mucho. Piensa que yo era la primera vez que iba, y la primera idea que tenía para correr era la del espíritu deportivo. Claro, yo venía de estar un año y pico entrenado duro y no sabía muy bien lo que me iba a encontrar. Además, nunca había corrido en arena ni en tierra y estaba un poco a la expectativa. Y allí, cuando calentábamos justo antes de la salida, el ulular de las mujeres ya te ponía los pelos de punta. ¡Medio campamento de El Aaiún estaba ahí!

Y lo mismo me pasó en Auserd. Al llegar allí, que es la mitad de la carrera, el pasillo del público era más estrecho, con lo cual pasé muy cerca de la gente. Y recuerdo banderas, gente gritando, algún niño corriendo a tu lado… En esos momentos, iba corriendo con un compañero de Madrid, y juntos compartimos aquella experiencia … ¡Se nos saltaban las lágrimas!… ¿Que por qué? Por la sensación que sientes por cómo te recibe la gente y cómo te animaba … Aún se me ponen los pelos de punta recordando los gritos de las mujeres y aquello de ¡saharaui saharaui!” … Espectacular. Lo nunca vivido antes en una carrera… ¡Y mira que he hecho carreras…!

Mientras lo explica, vamos viendo el vídeo. Y a ambos, se nos vuelve a erizar la piel escuchando los zaghareet, los gritos de alegría de las mujeres a los que se refiere Jose. Este es el vídeo que montó sobre su carrera en el Sahara Marathon:

Continuamos con la conversación.

– Y luego viene el trozo de las dunas: subir, bajar, subir, bajar…. Y sólo. Y esa es otra de las sensaciones que te depara el desierto. Estás tú, las dunas y el cielo. Nada más.

Y en la llegada, desde el punto de vista deportivo, tuve la sensación de haber cumplido, porque llegué satisfecho a meta. Pero luego estaban las otras sensaciones, y que sigo teniendo ahora, que son que había hecho algo por el pueblo saharaui. Había corrido en nombre de ellos. De hecho, a Taqi se lo dije: “yo hoy he corrido por vosotros”. Y eso es una cosa que yo ya tengo ahí grabado…. en el “disco duro”. Para siempre.

– ¿Qué tiene de diferente el Sahara Marathon comparado con otras carreras?

– Las carreras que puedes tú hacer aquí tienen un punto de vista deportivo. No tiene ninguna otra connotación quitando lo que cada uno le quiera dar. Pero el Sahara Marathon es algo más que una carrera. Es un intento de internacionalizar la causa saharaui, de dar una voz hacia afuera sobre el conflicto que atraviesa este pueblo desde hace más de 43 años. Piensa que, cuando yo corrí, creo que éramos corredores de más de 60 países diferentes, países tan dispares como China, Tailandia o Japón…, muchos suecos y alemanes, una barbaridad de italianos, belgas … Y todos los que participamos en la carrera y vivimos esos días allí, en los campamentos, lo que hacemos después es, de alguna manera, publicitarlo en nuestros domicilios, en nuestros entornos cotidianos. De hecho, tú lo sabes, nuestros entornos cotidianos desconocen la problemática del pueblo saharaui. Y gracias a que nosotros les damos el tostón cada vez que podemos se van enterando de lo que pasa, jaja…

Yo creo que tengo allí un trocito de mí allí. Y yo me he traído un trocito de ellos también. Sí, sí…

– ¿Volverás a correr el Sahara Marathon?

– Si el cuerpo me acompaña, sí. Pero no la media maratón: quiero correr otra vez la maratón entera.

Mientras repasamos el video, van apareciendo imágenes de Taqi y Rabub, de Mohamed y Lala, Manna, Beituha, Salma, Fatimetu… Con el momento, nos proponemos alguna bajada pronto.

El video sigue con otras escenas cotidianas y otras imágenes de los actos asociados al Sahara Marathon, como el partido de fútbol que, como cada año, juegan saharauis contra los corredores extranjeros y en el que nunca ganan los visitantes. Después del partido se hace entrega del material deportivo que se ha traído para los campamentos.

En aquella edición del Sahara Marathon, se programó también una jornada de cocina en el que los cocineros Darío Barrio, José Luis Estevan y Paco Roncero, aparte de participar en la maratón, cocinaron junto a mujeres saharauis adentrándose en la gastronomía local. “Cocina fusión”, comenta Jose.

– Otro de los momentos duros del viaje fue cuando llevamos material sanitario al Hospital de Smara. Me impactó ir al almacén y ver que estaba vacío. Me sorprendió ver todas esas estanterías vacías. Yo trabajo en el ámbito sanitario y lo primero que se me ocurrió en ese momento es preguntar que, si necesitas una aguja o jeringa y no hay, ¿qué pasa? “Si no hay, no hay”, me contestaron. Así de crudo. Lo que aquí es impensable, allí es cotidiano, normal. Fue un momento duro. Pero te ayuda a ver las cosas.

El Sahara Marathon te cambia. No sólo el Sahara Marathon, sino el simple hecho de viajar hasta allí y conocer de cerca el pueblo saharaui, con quien creas un vínculo que ya es para siempre. Jose empezó a darse cuenta de ello el último día, cuando, en el momento de las despedidas, se encontró a unos de los corredores que corría todas las ediciones y, al verlo emocionado junto a su familia saharaui, le preguntó:

– ¿Tú también, que llevas un montón de años viniendo aquí?

El corredor le miró y, como rendido a la evidencia, le contestó:

– No, no, esto siempre es lo mismo. Crees que te vacunas, pero no…

Ahora Jose ya sabe que es eso. Lleva el Sahara dentro.

 

 

 

 

(*) Imagen de cabecera: fotografía del Sahara Marathon extraída de www.saharamarathon.org 

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