Entrevista a Mohamed Salem Laabeid, delegado del Frente Polisario en Catalunya

El año 2025 dejó un escenario internacional especialmente agitado y marcado de forma decisiva por el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca hace ahora doce meses. Sin embargo, el ataque a la soberanía venezolana y las amenazas del propio presidente estadounidense a otros territorios por el control de los recursos energéticos globales anticipan un 2026 aún más tenso e imprevisible. Con unas Naciones Unidas cada vez más cuestionadas y un derecho internacional cada vez menos tenido en cuenta, el conflicto del Sáhara Occidental también se ha visto afectado por esta deriva desacomplejada del trumpismo, con la que Marruecos va ganando apoyos entre las potencias occidentales. Fue el propio Trump quien logró que, el pasado 31 de octubre, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobara una resolución en la que se incluyera, por primera vez, la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara de 2007 como la fórmula más “factible” para la resolución del conflicto.

Por su parte, la propia Unión Europea ha acordado con Marruecos que los productos provenientes del Sáhara Occidental sean etiquetados sin mencionar su verdadero origen, contradiciendo así lo que dictan los propios tribunales de justicia europeos, mientras que, en la Reunión de Alto Nivel (RAN) de este mes de diciembre pasado entre los gobiernos de España y Marruecos, Pedro Sánchez consolidó el posicionamiento del Gobierno español a favor de las tesis marroquíes sobre la ocupación del Sáhara Occidental. Ante este panorama tan adverso, ¿qué le deparará al pueblo saharaui este 2026? ¿Se ha visto obligado el Frente Polisario a ajustar sus estrategias tanto en plano diplomático como en el judicial o el militar? Hablamos de todo ello con el delegado del Frente Polisario en Catalunya, Mohamed Salem Laabeid. Esta es, a continuación, la entrevista.

– Antes de que llegara a Barcelona como el nuevo delegado del Frente Polisario en Catalunya ahora hace seis meses, usted llevaba años al frente de RASD-TV. ¿Cuánto tiempo estuvo como director de esta televisión pública en los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf y qué representa RASD-TV para todo el pueblo saharaui?

En 2003, fundé RASD-TV y, en 2005, ya empezamos a emitir por terrestre y un poco también por Internet, algo complicado en aquellos días. Pero el 20 de mayo de 2009, iniciamos oficialmente las emisiones terrestres, por satélite y a través de Internet de una manera fija y constante. Desde entonces, el proyecto ha funcionado de manera satisfactoria. Creo que se trata de la primera y única experiencia en el mundo de una televisión creada en unos campamentos de refugiados en medio del desierto y, afortunadamente, ha resultado un éxito.

RASD-TV no solo es un medio destinado a dar a conocer el pueblo saharaui, así como su historia y la lucha en la que está inmerso, sino que, además, actúa también como vínculo entre las familias saharauis que se encuentran separadas por el Muro de la Vergüenza, hallándose unas en los territorios ocupados del Sáhara Occidental y las otras, en los campamentos de refugiados de Tinduf. RASD-TV también aporta análisis sobre el conflicto del Sáhara Occidental y muestra documentalmente la realidad que vive la población saharaui bajo la ocupación marroquí en los territorios ocupados, donde se producen violaciones sistemáticas de los derechos humanos y se expolian los recursos naturales del territorio. Antes de la irrupción de Internet, la información procedente del Sáhara ocupado era nula, pero, con su llegada, fue posible conocer qué ocurría allí dentro. RASD-TV jugó un papel clave para romper ese bloqueo informativo impuesto por Marruecos y continúa haciéndolo hoy en día.

Mohamed Salem Laabeid, en un momento de la entrevista. / Foto: @lluisrodricap

– Usted nació en el antiguo Sahara español. ¿En qué año fue?

Sí, nací en Mahbes el 15 de diciembre de 1965.

– Entonces, era muy joven cuando la Marcha Verde. ¿Tiene algún recuerdo de aquellos días?

No recuerdo muchos detalles, solo que había gente desconocida llegando, camiones en las calles y movimiento por todas partes. También que todo el mundo tenía miedo. Recuerdo a personas que huían y que ya no están, a gente salir sin saber adónde ir… Aquellos días estaban llenos de terror. Las casas se cerraban muy temprano porque los saharauis teníamos miedo del ejército marroquí. Todas esas imágenes siguen guardadas en mi memoria.

– Usted es de los que se quedó en el territorio ocupado tras la Marcha Verde. ¿Cuándo se marchó a los campamentos de refugiados de Tinduf, en Argelia, y por qué?

Salí de Marruecos en 1981 para estudiar Medicina en Francia. Dos años después, en noviembre de 1983, bajé a los campamentos de Tinduf y, desde entonces, permanecí siempre allí hasta hace seis meses, cuando vine a Catalunya a desempeñar el cargo de delegado del Polisario.

En los campamentos, estuve muchos años trabajando principalmente en el ámbito de la educación: primero fui profesor de matemáticas y ciencias en la escuela 12 de Octubre, luego director de ese mismo centro y, más tarde, director regional de Educación en Smara. En los años posteriores al alto el fuego de 1991, los saharauis confiamos mucho en que la ONU llevaría a cabo la celebración del referéndum de autodeterminación y, en este contexto, se consideró necesario formar el mayor número posible de cuadros técnicos. Por ello, fui enviado, junto a una treintena de persona más, a Libia para especializarnos en ingeniería y química. Y al terminar la carrera en 1999, regresé de nuevo a los campamentos de Tinduf. Luego enfermé y estuve en tratamiento en Catalunya hasta 2002, pero regresé otra vez a los campamentos y, a partir de entonces, me dediqué ya al ámbito de la información y la comunicación en RASD-TV.

– Estamos en unos meses en los que se está celebrando el 50º aniversario de un capítulo muy determinante, quizá el más determinante de todos, de la historia del Sáhara Occidental y del pueblo saharaui, pues se han cumplido 50 años de la Marcha Verde y del inicio de la ocupación marroquí del Sáhara Occidental, 50 años de la entrega del territorio por parte de España a Marruecos y Mauritania a través de los Acuerdos Tripartitos de Madrid y, este próximo febrero, se cumplirán también 50 años de la proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). ¿Cómo vive el pueblo saharaui la conmemoración de medio siglo de estos hechos que marcaron para siempre el devenir de todos los saharauis?

El pueblo saharaui ha vivido las dos caras de esta realidad: una positiva y otra negativa. La cara negativa es la pérdida de la confianza en la comunidad internacional. Tras cincuenta años sin resultados, la situación sobre el terreno sigue siendo la misma: el territorio continúa ocupado, el pueblo sigue dividido, los sufrimientos son prácticamente los mismos y los actores no han cambiado. Y, sin embargo, nadie hace nada. A pesar de que existen numerosas resoluciones de la ONU que confirman nuestro derecho a la autodeterminación y decisiones judiciales tanto europeas como africanas que respaldan la legalidad de nuestra lucha, ninguna de ellas se ha traducido en hechos. Esta inacción duele profundamente y ha hecho que el pueblo saharaui experimente, en su propia carne, lo que significa el doble lenguaje y la aplicación de los dobles raseros, ya que los derechos humanos se defienden con firmeza en otros lugares mientras se ignoran en el Sáhara Occidental y las resoluciones de la Asamblea General de la ONU y del Consejo de Seguridad son reinterpretadas para buscar fórmulas que, en la práctica, terminan legitimando la ocupación marroquí. Hay países que se proclaman defensores del derecho y de la legalidad internacional, pero apoyan de manera abierta a la potencia ocupante de nuestro territorio e intentan legitimar lo que es claramente una ocupación ilegal. Todo esto duele, y duele mucho.

La parte positiva es que estos cincuenta años han sido unos cincuenta años de resistencia que nos han dado mayor seguridad y nos han permitido construir nuestro propio Estado, aunque haya sido en el exilio, constituyendo esto último una experiencia única en el mundo y en la historia. Pero contamos con nuestras propias instituciones y nos sentimos orgullosos de lo que hemos logrado. La RASD es un Estado miembro fundador de la Unión Africana (UA) y fue miembro de la antigua Organización de la Unidad Africana (OUA). Todo ello refuerza nuestra confianza en el presente y en el futuro. Si los aliados del régimen marroquí —Estados Unidos, Francia, España y las monarquías del Golfo, entre otros— ya apoyaron a Marruecos en 1975 y aun así no pudieron doblegarnos en aquel momento inicial, cuando no teníamos prácticamente nada, tampoco podrán hacerlo ahora que somos un país con cuadros formados, instituciones propias, relaciones bilaterales con otros países que nos reconocen como Estado, pueblos que nos apoyan y un movimiento de solidaridad internacional mucho más fuerte que entonces. Por eso estamos convencidos de que quienes hoy intentan legitimar la ocupación del Sáhara Occidental no lograrán su objetivo. Lo que buscan es quebrar nuestra moral, plantearnos un futuro oscuro y empujar a cada saharaui hacia una supuesta autodeterminación individual en sustitución de la autodeterminación colectiva. Pero eso no lo conseguirán nunca. El pueblo saharaui sabe quién es, tiene la experiencia de medio siglo de lucha y resistencia y sabe con certeza que, tarde o temprano, logrará su independencia.

Cartel de la sede en Barcelona de la delegación del Frente Polisario en Catalunya. / Foto: @lluisrodricap

– El 31 de octubre de 2025, justamente el día en el que se cumplían 50 años de la invasión militar marroquí que precedió en una semana a la Marcha Verde de 1975, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la Resolución 2797 (2025), que, entre otras cosas, renovó el mandato de la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO) hasta el 31 de octubre de 2026. La resolución también exhorta a las dos partes enfrentadas en el conflicto a que entablen conversaciones para la negociación sin condiciones previas “tomando como base la propuesta de autonomía de Marruecos” de 2007, aunque, acto seguido, establece que la solución política definitiva y aceptable para todas las partes tiene que contemplar la libre determinación del pueblo saharaui. ¿No cree que es una resolución algo contradictoria en sus términos?

La resolución 2797 es del Consejo de Seguridad, no de la ONU en su conjunto. Es importante diferenciar esto, pues la Asamblea General de la ONU sí representa a la comunidad internacional en general, en ella todos los países participan y cada octubre aprueba resoluciones que confirman el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui. En cambio, el Consejo de Seguridad es la institución ejecutiva de la ONU, está integrada, entre otros, por cinco miembros fijos y con derecho de veto y sus decisiones no reflejan necesariamente la voluntad de toda la comunidad internacional.

La resolución 2797 propone que se negocie sobre la base del plan de autonomía de Marruecos de 2007 como una posible solución para el conflicto del Sáhara Occidental, siempre y cuando se garantice la autodeterminación del pueblo saharaui y sea aceptada por ambas partes. Estas son Marruecos y el Frente Polisario, que es el único y legítimo representante del pueblo saharaui. Pero nosotros no hemos aceptado esta propuesta, por lo que, en la práctica, esta vía no existe.

Sin embargo, lo que difunden numerosos medios de comunicación y algunos gobiernos occidentales, como el francés y el español, es que la resolución 2797 establece que la negociación entre las partes del conflicto debe basarse exclusivamente en una autonomía bajo soberanía marroquí para el Sáhara Occidental y que esta es la única solución para el territorio. Esta afirmación no es cierta, pues, si se consulta el texto de la resolución, publicada en la web oficial de las Naciones Unidas, resulta fácilmente verificable que dicha interpretación no se corresponde con su contenido.  

La resolución sí establece que la autonomía puede ser una solución, pero en ningún caso la define como la única ni como una opción exclusiva. Lo que se observa, por tanto, es una confusión deliberada —cuando no un engaño— promovida por ciertos Estados con el objetivo de justificar ante sus sociedades decisiones políticas que respaldan la ocupación ilegal del Sáhara Occidental intentando conferirle una apariencia de legalidad.

– Esta resolución 2797 fue aprobada con 11 votos a favor, 3 abstenciones (China, Pakistán y Rusia) y la ausencia de Argelia en la votación. Teniendo en cuenta el tradicional y firme apoyo de Argelia al ejercicio de los derechos del pueblo saharaui, ¿por qué este país se ausentó pudiendo votar en contra directamente?

No se trata únicamente de una ausencia en la votación, sino de una decisión consciente por parte de Argelia de no participar en ella. Y no es algo excepcional de este año: el año pasado ocurrió exactamente lo mismo. A menudo, quiere explicarse parte de una realidad, pero no la realidad en su conjunto. En este caso, Argelia decidió no participar en la votación porque, como dijo claramente su representante, se trata de una resolución impulsada por Estados Unidos y Francia sin que fuera consensuada entre todos los miembros del Consejo de Seguridad. Para Argelia, esta resolución no puede considerarse una proposición válida cuando no se ha tomado en cuenta la opinión de todos los miembros del Consejo de Seguridad. No votó a favor ni en contra, ni se abstuvo: simplemente no participó en el voto.

Esta posición es clara y refleja la firmeza de Argelia en su apoyo a la legalidad internacional y a la necesidad de que las resoluciones sean fruto del consenso respetando las exigencias del derecho y de la legalidad internacionales. No es aceptable que la Asamblea General de las Naciones Unidas adopten una postura y que, posteriormente, el Consejo de Seguridad apruebe una resolución que la contradiga. De hecho, la Asamblea General confirmó el pasado 16 de octubre que el Sáhara Occidental es un territorio ocupado y que la ONU es la responsable de concluir el proceso de descolonización. Resulta, por tanto, algo desconcertante la resolución emitida por el Consejo de Seguridad y, por esta razón, Argelia no participó en la votación.

– Después de la aprobación de esta resolución, ¿modificarán su estrategia el Frente Polisario y la República Árabe Saharaui Democrática en el seno de la ONU?

El comunicado que publicó el Frente Polisario la noche en que se votó la resolución 2797 dejó claro que el Frente Polisario no va a participar ni a asistir a ninguna negociación que no garantice el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación y que la mediación de la ONU solo será válida si se mantiene dentro del marco legal, de la legalidad internacional, que reconoce y garantiza el derecho inalienable del pueblo saharaui a la independencia. Cualquier resolución que se aparte de estos principios no será aceptada. No participaremos en este tipo de iniciativas.

Nuestra estrategia, por tanto, es continuar con nuestra lucha, reforzar nuestras acciones y elevar el nivel de presión, como hemos hecho siempre, sea en el terreno militar, en la resistencia desde los territorios ocupados, en la defensa de los derechos humanos, en la denuncia del expolio de los recursos naturales del territorio y en la batalla jurídica, en la que hemos logrado importantes victorias tanto en los tribunales europeos como en los de África.

– Hace ahora ya más de cinco años que una nueva guerra en el Sáhara enfrenta al Frente Polisario con Marruecos después de que, en noviembre de 2020, este último rompiera el alto el fuego vigente desde 1991. Tras tres largas décadas intentado la paz, ¿qué ha fallado para que hayan vuelto a hablar las armas?

Ha fallado la ONU. Ha fallado porque el Consejo de Seguridad, que es el órgano responsable de mantener la paz y la seguridad internacionales, no ha cumplido con su cometido. Consideramos que el Consejo de Seguridad ha fracasado al alinearse con las posiciones de países como Francia, Estados Unidos y España, que son países dentro del llamado Grupo de Amigos del Sáhara y que, en realidad, actúan como enemigos del pueblo saharaui. A finales de los años 80, nosotros estábamos ganando la guerra y fue Marruecos quien solicitó la paz, y con la aceptación del Plan de Arreglo de la ONU y la OUA para el Sáhara Occidental el 30 de agosto de 1989 por parte de Marruecos y el Frente Polisario, llegó el alto el fuego del 6 de septiembre de 1991. No obstante, el pueblo saharaui ya había ejercido su derecho a decidir su futuro cuando proclamó la República Árabe Saharaui Democrática el 27 de febrero de 1976.

Sin embargo, cuando la ONU asumió el papel de mediadora y nos pidió que apostásemos por la vía del referéndum, aceptamos dejar las armas para avanzar por ese camino. Renunciamos a la lucha armada a cambio de un compromiso claro: que la ONU organizara un referéndum en el que el pueblo saharaui pudiera elegir libremente entre dos opciones: la independencia o la integración en Marruecos. Pero desde el principio, comenzó a intervenir el llamado Grupo de Amigos del Sáhara —Estados Unidos, Reino Unido, Francia y España—, un grupo creado sin un mandato claro cuya función ha sido, en la práctica, permitir a España y a otras potencias ejercer presión política en favor de Marruecos. A partir de entonces, se comenzó a manipular el proceso de paz, especialmente en lo relativo a los criterios de identificación de los votantes. El Plan de Arreglo original, aceptado por ambas partes y avalado por consenso en el Consejo de Seguridad de la ONU, establecía claramente que la base del referéndum debía ser el censo español de 1974. Sin embargo, desde el primer día, Francia presionó para ampliar esa base censal. Esto generó numerosos problemas con Marruecos y graves obstáculos en el proceso de identificación que terminaron bloqueando la celebración del referéndum.

Pero todo lo que ha hecho Marruecos para torpedear el proceso de paz pasa sin denuncia ni condena. Incluso cuando Marruecos ha llegado a prohibir la entrada de la MINURSO en el territorio, no ha habido reacción alguna. Pero es que, dos días antes del alto el fuego del 6 de septiembre de 1991, Marruecos estaba atacando Tifariti y Bir Lehlu, y tampoco nadie lo denunció. A pesar de ello, hemos sido pacientes para alcanzar una solución pacífica, tal como nos pidió la comunidad internacional. Siempre hemos mantenido la mano tendida para ello: liberamos a los prisioneros de guerra, cumplimos todas las exigencias que se nos plantearon e incluso aceptamos ampliar la base censal en el proceso de identificación.

En 1998 se celebraron las negociaciones de Houston, donde, una vez más, se modificaron los criterios de identificación, y finalmente se completó el proceso de identificación. A comienzos del año 2000, la ONU publicó los listados provisionales del censo, pero Marruecos se retractó de nuevo y anunció que no habría referéndum. Entonces, nadie denunció nada tampoco. Posteriormente, el entonces enviado especial del secretario general de la ONU en el Sáhara Occidental, James Baker, intentó promover un plan intermedio entre el referéndum y la autonomía bajo soberanía marroquí, que contemplaba un período de cinco años de autonomía seguido de un referéndum. Marruecos rechazó este plan y, una vez más, nadie dijo nada.

Finalmente, llegamos a 2007, cuando, en abril de ese año, se presentaron dos propuestas: primero la nuestra, y luego, el 11 de ese mismo mes, la marroquí, que era el plan de autonomía para el Sáhara Occidental. Comenzaron así, sin condiciones previas, las negociaciones que debían garantizar el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación. Desde entonces, Marruecos se ha ido retirando de todas las rondas de negociaciones sin que nadie denuncie nada nunca tampoco. Durante todo este tiempo, hemos observado como las resoluciones del Consejo de Seguridad han ido cambiando su lenguaje: de “las dos partes” en conflicto, a simplemente “las partes”; y de “un referéndum”, a “una solución aceptada”, luego a “una solución realista” y, finalmente, a “una solución realista, aplicable y aceptada”. Lo que se pretende hacer con la cuestión del Sáhara es que deje de ser un problema de descolonización y pase a convertirse en un asunto interno de Marruecos, algo que el Frente Polisario ha denunciado consistentemente.

Pero la oportunidad llegó el 13 de noviembre de 2020, cuando Marruecos violó el alto el fuego que estaba vigente desde 1991. A partir de ese momento, retomamos las armas y nos liberamos de nuestro compromiso con la ONU, porque quedó claro que las Naciones Unidas y el Consejo de Seguridad no buscan una solución justa para el Sáhara Occidental, sino legalizar la ocupación marroquí. La MINURSO no ha cumplido con la principal función para la que se la creó hace ahora 36 años: organizar un referéndum, como su propio nombre indica. Al contrario, se limita a controlar armamento, pero solo controla el nuestro, mientras ignora lo que hace Marruecos, que viola los derechos humanos a diario en el territorio ocupado. De hecho, la MINURSO es la única misión de paz de las Naciones Unidas que no tiene un mandato para supervisar los derechos humanos en el territorio en el que está desplegada. Como Marruecos actúa con total impunidad, nadie lo denuncia y lo que vemos es que el Consejo de Seguridad está avalando esta situación, retomamos la lucha armada y no la abandonaremos hasta lograr la independencia.

Mohamed Salem Laabeid, ante la sede en Barcelona de la delegación del Frente Polisario en Catalunya. / Foto: @lluisrodricap

– Este cambio de posición de la ONU aceptando el plan de autonomía marroquí de 2007 como la base para las negociaciones entre las partes del conflicto viene precedido por otro gesto de abandono de la legalidad internacional, en este caso, por parte de la Unión Europea (UE), pues, a principios de octubre, la Comisión Europea firmó a toda prisa un nuevo acuerdo con Marruecos incluyendo los productos del Sáhara Occidental ocupado bajo la fórmula inventada de “región de origen”, una martingala jurídica para seguir comerciando con recursos saharauis como si fueran marroquíes en total desobediencia con las sentencias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE). La maniobra fue tan rápida como opaca: en cinco días se negoció, se aprobó y se aplicó provisionalmente sin esperar la autorización del Parlamento Europeo (PE), aunque, al final, el 27 de noviembre, y gracias a los votos de los eurodiputados del PSOE, el PE decidió, por un voto, no tumbar parte del acuerdo UE-Marruecos ni obligar a que los productos del Sáhara Occidental exportados a Europa sean etiquetados con el nombre de donde proceden. ¿Ha reaccionado el Frente Polisario ante este incumplimiento de las sentencias de los tribunales europeos por parte de la UE?

Ya hemos reaccionado y la denuncia ya está presentada ante la justicia europea. Para nosotros, constituye una oportunidad porque hemos situado a la UE frente a sus propias contradicciones legales. El conflicto, por tanto, ya no es solo externo para la UE, sino que se ha trasladado a su interior, entre sus propias instituciones. Por un lado, se encuentran sus poderes ejecutivo y legislativo; por el otro, el judicial. Existe un conflicto claro que vamos a aprovechar al máximo. La justicia europea ha sido explícita al afirmar que el Sáhara Occidental y Marruecos son dos territorios distintos y separados y que no puede extenderse ningún acuerdo entre la UE y Marruecos al Sáhara Occidental al tratarse este último de un tercer territorio. Además, reconoce que cualquier decisión que afecte al Sáhara Occidental exige la consulta al pueblo saharaui a través de su único y legítimo representante, que es el Frente Polisario. Como digo, vamos a aprovechar esta base jurídica que nos ha proporcionado la justicia europea, a pesar de la reticencia de algunos Estados miembro, como España y Francia, que han estado liderando esta vulneración sistemática de las decisiones de la propia justicia europea y de la legalidad internacional. Si dejamos pasar la oportunidad que nos brinda la justicia europea, la causa saharaui corre el riesgo de quedar aún más marginada y olvidada. Por eso, lejos de desistir, vamos a seguir insistiendo, denunciando y estando presentes allí donde sea necesario.

– Este pasado mes de diciembre, se publicó “Reconciliación”, el libro de las memorias del rey emérito Juan Carlos I escritas en primera persona. Sobre el Sáhara Occidental, no se halla ninguna autocrítica a su decisión de abandonar a los saharauis y entregárselos a Marruecos en 1975. De hecho, sabemos que, mientras organizaba un viaje relámpago a El Aaiún el 2 de noviembre de ese año para trasladar a las tropas desplegadas en el Sáhara que España cumpliría con sus compromisos y que deseaba proteger también los legítimos derechos de la población civil saharaui, negociaba entre bambalinas un futuro del Sáhara Occidental ligado a la soberanía marroquí. ¿Qué papel jugó el entonces príncipe Juan Carlos en ese momento?

Un papel verdaderamente sucio. Solo hubo engaño. El 2 de noviembre de 1975, visitó El Aaiún, la capital del Sáhara Occidental, y pronunció un discurso prometiendo protegernos y defender el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación. Sin embargo, en ese mismo momento, los Acuerdos Tripartitos de Madrid ya estaban preparados y contaban con el respaldo del entonces secretario de Estado de Estados Unidos, Henry Kissinger. La entrega del Sáhara a Marruecos por parte de España había sido planificada con antelación.

Pero esta actitud es una constante en el Estado español. Felipe González, por ejemplo, cuando llegó al poder, lo primero que hizo fue suministrar armamento a Marruecos en plena guerra del Sáhara. Y esa práctica de España para con la monarquía alauita continúa hasta hoy. Incluso las minas colocadas alrededor del Muro de la Vergüenza que divide el Sáhara Occidental en dos partes están fabricadas en Zaragoza y entregadas a Marruecos como un regalo, a veces vendidas por el precio simbólico de un euro. Lo mismo ha ocurrido con vehículos blindados, también entregados por un euro. En lugar de que España asuma su responsabilidad como potencia administradora del Sáhara Occidental y complete el proceso de descolonización del territorio, está recorriendo el camino contrario: está reconociendo el Sáhara Occidental como un territorio bajo soberanía marroquí, una política iniciada por Felipe González, continuada por Zapatero y que también ha adoptado Pedro Sánchez sobre todo a partir de marzo de 2022.

– Con la vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca, se consolidó la decisión del presidente de los Estados Unidos de reconocer la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental a cambio de que Marruecos estableciera relaciones diplomáticas con Israel. ¿Cómo de ligados están los casos de Palestina y el Sáhara Occidental y que les depara el futuro a palestinos y saharauis ante el abandono de la senda del derecho internacional por parte de buena parte de la comunidad internacional? 

Ambos pueblos sufren la ocupación ilegal de su territorio, el genocidio y la violación sistemática de los derechos humanos y del derecho internacional. Es evidente que hemos regresado a la ley del imperio de la fuerza. De lo contrario, ¿cómo se explica lo ocurrido en Venezuela? Gana quien posee esa fuerza o quien presta mejores servicios a las grandes potencias y cuenta con su respaldo, como es el caso de Marruecos. En cuanto a la relación entre Israel y Marruecos, siempre ha estado activa. De hecho, las conexiones de los ejes Washington-Rabat-Tel Aviv y París-Rabat-Tel Aviv nunca han dejado de operar entre ellas teniendo siempre a Rabat como denominador común. Pero el hecho de que el Polisario haya retomado la lucha armada y el pueblo saharaui haya vuelto a empuñar las armas ha dejado en evidencia que la vía seguida por estos países para legalizar la ocupación del Sáhara Occidental ha fracasado. Por ello, todo este proceso de ambigüedad discursiva —de jugar con las palabras y con la terminología, como “resolución consensuada” o “resolución realista”— ha quedado definitivamente en nada y se ha obligado a Estados Unidos a quitarse la careta y a mostrarse tal como lo hizo Henry Kissinger en 1975. La posición adoptada por Trump en relación con el conflicto no es distinta de la de entonces, pues, a lo largo de estos últimos cincuenta años, Estados Unidos ha estado en contra del pueblo saharaui y ha apoyado sistemáticamente a Marruecos. Lo hizo durante la presidencia de Reagan, con la del primer presidente Bush, con la del segundo y también con todos los gobiernos posteriores, suministrando armamento y apoyo financiero a Marruecos. Lo que ha hecho Trump ahora ha sido, simplemente, hacer explícita esa postura.

Algo similar ocurrió en marzo de 2022 con Pedro Sánchez. La posición del Estado español siempre ha sido la misma: nunca ha aprovechado una oportunidad ni ha tomado una decisión clara en favor del pueblo saharaui. Se ampara en declaraciones formales —“estamos con la ONU”, “apoyamos el derecho internacional”—, pero, en la práctica, actúa de manera completamente opuesta. Pero también hemos obligado a Sánchez a quitarse la careta y a mostrar ante la sociedad española que la posición oficial de España es un engaño y está alineada con la ocupación marroquí. En cuanto a Francia, su posición siempre ha sido aún más extrema, participando, incluso, directamente en la guerra contra nosotros. En 1978, por ejemplo, Francia intervino con aviones de combate contra el pueblo saharaui causando pérdidas humanas, y este es un asunto pendiente que todavía debe resolverse con el Estado francés.  

Pero, para nosotros, todo esto solo hace que evidenciar la fuerza del pueblo saharaui. ¿De verdad crees que me afecta que Sánchez diga que España apoya a la ocupación marroquí sobre el Sáhara Occidental? Sabemos perfectamente de este respaldo de España a Marruecos, pues viene desde 1975. ¿Y me afecta que Trump apoye también la ocupación marroquí? Eso también lo sabemos desde hace décadas y, entre otras cosas, por eso la MINURSO no tiene, como una de sus funciones, el control de los derechos humanos en el territorio ni se celebra el referéndum. Pero recordemos que la solución al conflicto es sencilla: la celebración de un referéndum. Con esto, el problema se daría por resuelto. Se trata de un proceso de descolonización sencillo, claro y perfectamente viable, pero, si no se ha resuelto aún, es porque no hay voluntad política para ello y, en su lugar, se ha optado por apoyar a Marruecos. Mientras tanto, intentan presionarnos de todas las formas posibles para que desistamos, como hacen con la ayuda humanitaria, que la han reducido en un 40%. Pero nosotros no vamos a ceder. Seguiremos luchando a pesar de que traten de convencernos de que nuestro futuro se presenta negro y de que no tenemos otra opción que la que nos imponen. Pero a pesar de que gobiernos como el de España insistan en que la única salida para el pueblo saharaui es aceptar una autonomía para el Sáhara bajo soberanía de Marruecos, nosotros sabemos que la única opción legítima es la independencia y eso los saharauis lo tenemos absolutamente claro.

– Durante la celebración de la Reunión de Alto Nivel (RAN) a principios del mes de diciembre entre la parte socialista del Gobierno español y Marruecos, Pedro Sánchez dejó claro que quiere consolidar el camino iniciado en marzo de 2022, cuando se posicionó del lado de Marruecos en el conflicto del Sáhara Occidental al apoyar públicamente el plan de autonomía marroquí de 2007 para el territorio saharaui. ¿Le sorprende la posición proactiva de Pedro Sánchez en defensa de la creación de un Estado palestino cuando le niega al pueblo saharaui el derecho a la autodeterminación?

Este es el doble rasero del que hablábamos antes. Es lo mismo que ocurre con los derechos humanos: se preocupan por ellos en otros países, pero no en el Sáhara. Denuncian que a una mujer le quitan el permiso de conducir en Arabia Saudí, pero no denuncian que, en los territorios ocupados del Sáhara Occidental, se arranque un ojo a una saharaui o se mate a un joven a sangre fría en plena calle en El Aaiún o en Smara. Es la misma lógica de siempre: se denuncia la invasión de Ucrania, que está a miles de kilómetros, pero se apoya la del Sáhara Occidental, de la que es responsable España como potencia administradora del territorio según las Naciones Unidas. Lo mismo ocurre con Palestina: el Gobierno español habla de genocidio en Gaza, pero, sin embargo, el embajador de Israel sigue en Madrid y el embajador de España sigue en Tel Aviv. Esto es hipocresía, un engaño, otro juego de palabras… Por eso reprocho que los medios de comunicación no expliquen que el Gobierno español no defiende el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui y que, por tanto, no está del lado de la legalidad internacional.

A mí me resultó muy doloroso que, mientras era director de la RASD TV y enviaba material a las televisiones de aquí, en Catalunya, en España…, ese material no se utilizara. Mandaba reportajes sobre la guerra y la situación de los derechos humanos en el Sáhara ocupado a todas las televisiones, pero no servía de nada. Los valores del periodismo obligan a mostrar la realidad y defender la verdad. Sin embargo, eso no se hace. No se habla del Sáhara. Parece que no se puede hacer enfadar a Marruecos. ¿Y por qué? Marruecos chantajea al Gobierno de España con la inmigración, el tráfico de drogas – Marruecos es el primer exportador de cannabis del mundo – y la lucha contra el terrorismo. Todo esto forma parte de un silencio pactado, puesto que tanto el Gobierno español como los medios de comunicación son conscientes de estos chantajes. Sin embargo, no se informa de todo ello. Da la impresión de que existe un complot para no explicar la verdad, como tampoco se habla de lo que ocurre en Bruselas con el llamado “Moroccogate”, donde eurodiputados socialistas están siendo investigados por la justicia europea por haber sido presuntamente comprados por Marruecos para influir en votaciones en el Parlamento Europeo relacionadas con el Sáhara Occidental y otros intereses económicos. De eso, tampoco se habla nada.

Mohamed Salem Laabeid, en el Col·legi de Periodistes de Catalunya el pasado 11 de diciembre de 2025. / Foto: @lluisrodricap

– ¿Qué hay entre el PSOE y Marruecos para que sea con gobiernos socialistas cuando peor lo pasa la parte saharaui con España?

Para mí, todo se reduce al dinero. Nada más. Porque muchos cuadros políticos del PSOE, cuando están en el Gobierno, defienden a Marruecos con cierta tibieza, pero, cuando salen, de repente aparecen vinculados a negocios en Marruecos. ¿De verdad cree usted que el exministro socialista Miguel Ángel Moratinos viaja constantemente a Marruecos porque sí? Evidentemente está haciendo negocios. ¿Y Felipe González? ¿De dónde cree que ha salido su chalé–palacio en Tánger? ¿Por qué Moratinos va una y otra vez a Fez, José Bono viaja a Marruecos con frecuencia o Zapatero va de un lado a otro buscando el favor del Gobierno marroquí? ¿Alguien cree que hacen todo eso gratis? El PSOE se apropia del discurso de los trabajadores, del de la igualdad de la mujer, del de la lucha de los pueblos, pero luego hace exactamente lo contrario con sus políticas. Son contradicciones difíciles de comprender, ya que es un partido que se autodenomina “socialista” y, sin embargo, si repasamos los principios del socialismo, estos no son compatibles, por ejemplo, con el apoyo del PSOE a la colonización de un pueblo. No se entiende tampoco cómo, por ejemplo, el señor Bono, cuando fue presidente de la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha, atacaba duramente a Marruecos y apoyaba públicamente al pueblo saharaui y, sin embargo, en el momento en que entró en el Gobierno español, cambió su postura radicalmente y pasó a apoyar a Marruecos. Y no solo eso: ahora vive, en buena medida, de Marruecos. Son cosas difíciles de comprender.

Sin embargo, en los últimos tiempos la situación ha empeorado, ya que, aunque tradicionalmente la posición de un PSOE en el Gobierno se ha basado siempre en el apoyo a Marruecos, a nivel municipal, en las bases y en la militancia en general existía un cierto respaldo al pueblo saharaui. Pero esto ya no es tanto así. Nos encontramos cada vez más problemas a nivel de ayuntamientos. Por ejemplo, hace un par de meses, vimos cómo el alcalde socialista de Tarragona celebró el 50 aniversario de la Marcha Verde, es decir, de la ocupación marroquí. En lugar de denunciarla, ¡la celebró! Y este no es un hecho aislado: el año pasado ocurrió lo mismo. ¿Cómo se puede entender esto, teniendo en cuenta los principios y valores que dice defender el partido? De hecho, en la Internacional Socialista (IS), el PSOE también ha vetado al Frente Polisario mientras, desde hace unos pocos años, da apoyo a la participación en esta entidad internacional al Movimiento Saharauis por la Paz (MSP), un grupo alineado con Marruecos para defender la postura marroquí y, en última instancia, también la del Gobierno español.

– ¿Cómo está actualmente la situación en los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf?

La situación es grave. La Medialuna Saharaui emitió hace poco un comunicado para hacer un llamamiento con el fin de intentar encontrar una solución a la situación de necesidad en los campamentos. Desde aquí, ya estamos trabajando, tanto a nivel de Catalunya como del resto de las delegaciones del Frente Polisario, estén donde estén, para ver qué podemos hacer, porque, como hemos apuntado antes, la ayuda humanitaria se ha reducido en un 40%. La situación ya era mala y ahora es aún peor. Oficialmente se justifica con la explicación de que Estados Unidos ha reducido o incluso suprimido por completo la ayuda a muchas instituciones humanitarias, lo que ha provocado que la financiación de esta ayuda se quede en torno al 40% afectando así de manera directa a la población saharaui de los campamentos. Sin embargo, la realidad es que creemos que se trata de un mecanismo de presión política hacia el pueblo saharaui. Por eso contamos mucho con el movimiento solidario y con la solidaridad internacional para ver cómo podemos responder a esta situación y cómo podemos apoyar al pueblo saharaui para ayudarle a resistir, aunque el pueblo saharaui seguirá resistiendo, llegue o no la ayuda humanitaria, y continuará su lucha hasta alcanzar sus objetivos.

– Para finalizar, ¿qué más espera de este 2026 que comienza?

Personalmente, de la comunidad internacional no espero nada. Pero, del pueblo saharaui, sí espero mucho. Espero más fuerza, más determinación, mayor unidad nacional y una intensificación de la lucha en todos los niveles: en la guerra, la resistencia saharaui en los territorios ocupados y la lucha en el ámbito legal y jurídico tanto en Europa como en África. También vamos a reforzar nuestras relaciones con los países amigos y aliados, al tiempo que profundizaremos nuestra labor en el marco de la Unión Africana, una de las principales instituciones que nos respalda con mayor firmeza. Creo que el año 2026 será un año especial.

A nivel internacional, la situación es complicada. Ya hemos comentado la última resolución del Consejo de Seguridad con relación al Sáhara: intentaron imponer una determinada solución al conflicto, pero no lo consiguieron. Lo intentarán de nuevo, sin duda, pero nosotros también contamos con nuestras cartas para jugar. Para ello, es imprescindible reforzar la solidaridad internacional y trabajar juntamente con ella para disponer de mecanismos de presión que permitan visibilizar la realidad de los comportamientos y las posiciones de los gobiernos, especialmente los de España y Francia, con el fin de modificarlos.

También me gustaría acabar denunciando lo ocurrido este pasado 13 de enero en el Sáhara Occidental ocupado, donde las autoridades del régimen de ocupación marroquí no permitieron entrar en el territorio a una delegación de políticos canarios, entre los que se encontraban la diputada en el Congreso Noemí Santana, de Podemos, y el consejero de Cooperación Institucional y Solidaridad Internacional del Cabildo de Gran Canaria, Carmelo Ramírez, de Nueva Canarias.

Este no es un hecho aislado, sino que, desde hace décadas, las autoridades de ocupación marroquíes han estado prohibiendo repetidamente la entrada al Sáhara Occidental ocupado a periodistas, eurodiputados y otros parlamentarios y representantes públicos, además de activistas de los derechos humanos y otras personas solidarias. Pero a pesar de las trabas que pone Marruecos para la entrada de observadores internacionales en el territorio ocupado, este respaldo que recibe nuestra causa solo hace que reforzar nuestra determinación para seguir resistiendo y lograr, de una vez por todas, la libertad para el Sáhara.

 

 

(*) Foto de cabecera: Mohamed Salem Laabeid, delegado del Frente Polisario en Catalunya (derecha), junto a la joven saharaui Najat Brahim (izquierda) y Marta Rosique, miembro del Centre Internacional Escarré per a les Minories Ètniques i les Nacions -CIEMEN (centro). / Fuente: CIEMEN.

2 comentarios sobre “Entrevista a Mohamed Salem Laabeid, delegado del Frente Polisario en Catalunya”

  1. La entrevista con el nuevo delegado saharaui en Cataluña.
    Era el director de la RASD TV en los campamentos refugiados Sáharauis en Argelia.
    Para wye lo sepa la cadena que ha hecho la entrevista al Sr. Moh.Salem, nuestros campamentos no tienen nada que ver con TINDUF, hacen frontera con ella.
    Es la correcta expresión.
    Ok.

    1. Hola, Uld Belgasem. Antes que nada, quisiera agradecerte el comentario. Pero cuando me refiero a los campamentos de Tinduf, no quiero decir que estos se hallen en la ciudad de Tinduf, sino dentro de la provincia argelina de este nombre (Tinduf). ¿Te parece esto correcto? Gracias y un saludo.

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