Las ‘Vacaciones en Paz’ de los pequeños embajadores saharauis

Más de cuatro mil niños y niñas saharauis pasarán este verano entre nosotros. Han ido llegando entre la última semana de junio y la primera de julio y estarán acogidos por otras tantas familias solidarias españolas hasta finales de agosto. Serán dos meses de nuevas experiencias para todos ellos en un entorno muy alejado del tormentoso calor del verano de la hamada de Tinduf, el pedazo de desierto argelino donde se encuentran los campamentos de refugiados saharauis en los que los pequeños viven el resto del año.

Muchos de ellos repiten; para el resto, es su primera vez en el programa ‘Vacaciones en Paz’. Pero para todos ellos sin excepción será una experiencia inolvidable e intensa que les marcará para siempre.

Se les llama los pequeños embajadores. No sólo porque hacen que se mantengan muchos de los lazos que nos unen a su pueblo, sino también porque, sin ser conscientes de ello, exportan la causa saharaui allá donde van. Y lo hacen de una manera limpia, sincera, con la inocencia de los niños que son y sin caer en las mentiras de la política y los intereses siempre viciados de las relaciones internacionales.

De esta manera, estos pequeños se han adentrado en la vida de nuestros pueblos y ciudades para llegar directamente a los corazones de las familias acogedoras y del resto de movimiento solidario con el pueblo saharaui y parecen dispuestos a conquistar las almas de aquellos que no les conocen y con los que se cruzarán durante estos dos meses que permanecerán entre nosotros.

El apego entre ellos y las familias acogedoras se vuelve tan firme que, con el paso de los años – ya décadas –, estos niños se han convertido en uno de los principales vínculos entre nuestra sociedad y la saharaui y, una vez que los niños y niñas regresan a los campamentos de Tinduf, la relación perdura con el envío de alimentos, medicinas, visitas a las familias, etc. Si no fuera por esta relación, el movimiento de solidaridad con el pueblo saharaui sería mucho más débil y limitado. Y más, cuando se lleva tanto tiempo de conflicto. Pero hay una llama que se mantiene viva año tras año y que es alentada cada verano con la llegada de los niños y niñas de Vacaciones en Paz. Esta llama existe y mantiene fuerte este vínculo.

Este año, han llegado unos 4028 niños y niñas saharauis de entre 8 y 12 años. Lejos quedan aquellas cifras que doblaban las actuales. 9000 se contaban, por ejemplo, en 2010. Pero la crisis económica que ha asolado nuestro país en esta última década ha hecho mella en las economías familiares produciéndose un descenso drástico de familias acogedoras a pesar de los esfuerzos de las asociaciones de amigos del pueblo saharaui, que, en estos años, no han cesado en su empeño de mantener e incluso aumentar el número de familias receptoras.

Pero lo cierto es que los hogares españoles, como hicieron también los gobiernos, de las primeras cosas que recortaron fue en solidaridad.

El proyecto de Vacaciones en Paz viene de lejos. Todo arrancó en 1976. A principios de aquel año, España abandonaba oficialmente lo que hasta entonces era el Sahara español. Poco más de tres meses antes, concretamente el 14 de noviembre de 1975, el Gobierno español hacía entrega del territorio a Marruecos y Mauritania rubricando los tristemente célebres Acuerdos Tripartitos de Madrid.

A pesar de que estos acuerdos son de nula validez jurídica desde el punto de vista del derecho internacional, los saharauis vieron cómo su tierra era ocupada militarmente por los ejércitos de Marruecos y Mauritania. El monarca alauita Hassan II, asesorado y financiado por potencias extranjeras como Francia, EEUU, Israel y Arabia Saudí, había organizado lo que se conoce como la Marcha Verde, que no significó otra cosa que la entrada a sangre y fuego de las fuerzas invasoras sobre las poblaciones del norte y el sur del Sahara Occidental ante la inoperancia del resto de la comunidad internacional.

La mitad de la población civil saharaui se había tirado al desierto despavorida por los ataques de los dos ejércitos ocupantes, mientras que la otra mitad no consiguió salir y aún vive bajo la represión de Marruecos en el Sahara ocupado.

Al Frente Polisario, no le quedó otra que proteger aquella huida por el desierto y reorganizar la resistencia ante Marruecos y Mauritania iniciándose la guerra en el Sahara (1975 – 1991).

En su huida en aquel éxodo, la población civil saharaui era perseguida por las bombas de napalm y fósforo blanco que lanzaba la aviación marroquí, pero los sobrevivientes consiguieron cruzar la frontera de Argelia y se establecieron en la hamada de Tinduf constituyendo los campamentos de refugiados. Aquí es donde, desde entonces, vive esta mitad del pueblo saharaui y, de estos campamentos de refugiados, vienen los niños y niñas de Vacaciones en Paz.

Y precisamente para aliviarles de los traumas de la guerra y el éxodo, ya entonces, en el verano de 1976, Argelia organizó en sus playas unas colonias para algunos de los pequeños saharauis. De esta forma, niños y niñas de aquellos incipientes campamentos de refugiados tuvieron la oportunidad, durante los meses de aquel verano, de distanciarse del contexto bélico e incluso de suplir sus carencias alimentarias y sanitarias que habían implicado meses de desolación tras la invasión de su país.

Aquellas colonias tuvieron un notable éxito y pronto se organizaron en España unas colonias similares gracias a un acuerdo entre el Frente Polisario y el Partido Comunista de España (PCE). De esta manera, ya en 1979 pudieron llegar los primeros 100 niños a España repartidos entre Catalunya, Andalucía y Valencia.

Estas colonias en España fueron muy beneficiosas para estos niños y niñas saharauis y, poco a poco, se fueron organizando mejor para acabar constituyendo, a mediados de los ochenta, el programa Vacaciones en Paz.

Actualmente, con Vacaciones en Paz, los niños y niñas saharauis pueden disfrutar de aquello que la ocupación marroquí y la complicidad de la comunidad internacional, especialmente la de gobiernos de países como Francia o España, no les permiten disfrutar en su país, como es estar en la playa o visitar otros entornos en libertad.

Niña saharaui haciendo pompas de jabón, en Barcelona / foto: @lluisrodricap

Unos de los principales objetivos del programa Vacaciones en Paz, tanto en los años de la guerra como en el período posterior al alto el fuego, es sacar a los niños y niñas de los campamentos de refugiados durante los dos meses más calurosos del año y alejarles de las duras condiciones del verano de la hamada de Tinduf, donde se pueden sobrepasar los 50 grados.

De hecho, una ola de calor histórica ha azotado, en estos primeros días de julio, la región del sur de Argelia, registrándose en Tinduf la cifra de 53,3°C, obligando al Ministerio de la Salud Pública de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) a activar la alerta sanitaria en los cinco campos de refugiados.

La RASD dispone de un sistema público de sanidad, pero no tiene los medios suficientes para dar una cobertura sanitaria en condiciones a todos los refugiados saharauis de los campamentos. Por eso, otro objetivo fundamental de Vacaciones en Paz son las revisiones médicas a los niños y niñas saharauis valorando la posibilidad de someterlos a diferentes tratamientos según las necesidades. Son reconocimientos y tratamientos que, de no ser aquí, muchas veces resultan imposibles de llevar a cabo en los campamentos.

Dentro de estos reconocimientos médicos, son frecuentes la asistencia dental y oftalmológica, así como las revisiones dermatológicas y de pediatría. Hay, incluso, hospitales que ofrecen protocolos de atención sanitaria, donde los niños pasan por una exploración completa examinándose su peso, talla y tensión arterial y donde también se realizan analíticas de orina y una prueba visual.

Un tercer objetivo básico de los dos meses de Vacaciones en Paz es permitir a los niños saharauis una regulación de la alimentación que sirva para suplir las carencias nutricionales a las que se ven expuestos el resto del año.

Pero hay otros propósitos que hacen de Vacaciones en Paz un proyecto único. Para muchos, es el proyecto de solidaridad con el pueblo saharaui que mejor funciona. Incluso hay quien dice que es el que mejor vincula la sociedad española con la saharaui. Pero lo que está claro para todos es que, para los niños beneficiarios del programa, es un aprendizaje de vital importancia donde ellos mismos se enriquecen en un ejercicio de interculturalidad. Además, estos dos meses en España les permiten fomentar el aprendizaje del castellano, segundo idioma oficial para la RASD. Algunos, incluso, aprenderán alguna otra lengua más dependiendo de donde hayan ido a parar.

Mohamed, uno de los niños acogidos en Barcelona, haciendo pompas de jabón / foto: @lluisrodricap

Estos días, se están celebrando, por todo el territorio español, numerosas fiestas de bienvenida a los niños y niñas saharauis. Una de ellas es la que organizó, hace unos días, la asociación Sàhara Horta, miembro de la Federació d’Associacions Catalanes Amigues del Poble Sahrauí (ACAPS) y que trabaja en el distrito Horta-Guinardó, de Barcelona.

“Este distrito acoge niñas i niños saharauis”. Cartel en el Centre Cívic Matas i Ramis, de Barcelona / foto: @lluisrodricap

A este distrito de la ciudad condal, han llegado 9 niños y niñas del programa Vacances en Pau, que fueron presentados en el acto de bienvenida organizado por Sàhara Horta.

Núria Salamé, presidenta de la Federació ACAPS, también intervino en los parlamentos y recordó las dificultades por la que pasa la población refugiada en los campamentos de Tinduf, de donde vienen los niños. Pero no se olvidó tampoco de la difícil semana que estaba pasando la otra mitad del pueblo saharaui, la que vive en el Sahara ocupado. Allí, la represión contra la población civil saharaui es constante por parte de las autoridades marroquíes, pero se había intensificado hacía unos días coincidentes con la visita del enviado especial de la ONU para el Sahara Occidental, Horst Köhler.

La visita de Köhler a los territorios ocupados del Sahara Occidental desató una ola de protestas y manifestaciones que fueron duramente reprimidas por Marruecos. El resultado de la brutal intervención policial marroquí fueron decenas de heridos y detenidos saharauis lamentándose también la muerte de Eyub Ali Buyema, un joven de 18 años que fue atropellado violentamente por la policía del régimen.

Núria Salamé, presidenta de la Federació ACAPS, en un momento de su intervención / foto: @lluisrodricap

Núria Salamé lamentó también, en su intervención, el silencio cómplice de los medios de comunicación españoles ante el abuso de las autoridades marroquíes en la ex colonia española.

El último en hablar fue el pequeño Mohamed Bachir, que se acercó al micro para saludar. Le ayudó en la traducción Hassan Bachir, médico de los campamentos que está pasando un tiempo en España. Hassan aprovechó para comentar que un día él fue también niño de Vacaciones en Paz e incluso explicó cómo le sorprendió la primera vez que vio la playa y el mar.

Hassan Bachir ayudando al pequeño Mohamed Bachir en un momento de su intervención / foto: @lluisrodricap

Después de obsequios de entidades y comercios del barrio para los pequeños, la fiesta de bienvenida continuó con merienda y juegos de agua. Especial fascinación despertó el cañón de espuma que los mantuvo excitados durante todo el rato que duró aquella jarana.

Los niños y niñas bajo el cañón de espuma / foto: @lluisrodricap

Rosa forma parte de una de las familias de acogida. En conversación con ella, nos explica que tiene a dos de los nueve niños acogidos en el distrito. En realidad, son una niña y un niño. Son Chaia, de 12 años, y Uleida, de 11.

Chaia y Uleida no son hermanos, pero ambos vienen de Smara, el campamento o wilaya más grande de Tinduf. El año pasado también fueron niños beneficiarios de Vacances en Pau y también estuvieron acogidos en casa de Rosa.

Para ella, estos dos meses de Vacaciones en Paz significan un cambio importante en la vida de estos niños y niñas saharauis. No sólo se trata de que se diviertan durante este tiempo que pasan aquí y que se les proporcione, por ejemplo, una mejora de las condiciones sanitarias y climatológicas, sino que es interesante que conozcan gente nueva y un mundo diferente. “Sacarlos temporalmente del entorno familiar y distanciarlos del contexto del campo de refugiados, les proporcionará más madurez con la que poder afrontar los próximos años de su vida”, comenta.

– ¿Cómo os esterasteis del programa Vacances en Pau y de la posibilidad de acoger a un niño saharaui?

– Aquí, todo el barrio conoce este proyecto. Desde hace años, se oye hablar de él. Además, encuentras a la asociación en las diferentes actividades que se hacen durante el año. La puedes ver en una parada de venta de rosas el día de Sant Jordi, o en la Feria de Entidades, o en algún acto aquí, en el Centro Cívico. Y cualquiera ya sabe que uno de sus proyectos es el de Vacances en Pau y que consiste en traer a niños y niñas saharauis cada verano. Y nosotros empezamos a planteárnoslo sobre marzo de 2017.

– ¿Por qué os decidisteis a acoger a un niño o niña saharaui?

– Pues nos apetecía. Tenemos 3 hijos que ya son más mayores y nosotros tenemos más tiempo. Además, en el trabajo, también nos podemos organizar mejor los horarios y esto lo hace todo más fácil.

– ¿Cuáles son los principales requisitos para una familia para poder acoger a un niño saharaui?

– Pues básicamente, el estar dispuesto a atender las necesidades de los niños. Poca cosa más. Sí, eso y tener voluntad y paciencia.

– ¿Y os dieron, a las familias acogedoras, algunas recomendaciones?

– Sí, la verdad es que la misma asociación hace sesiones informativas que son muy útiles, sobre todo a las familias primerizas. De esta manera, las familias acogedoras pueden conocer mejor los diferentes aspectos de la cultura saharaui, como son la religión, la comida, su estilo de vida, el idioma, el por qué son importantes las revisiones médicas de los niños cuando están aquí, etc. Pero no hay que preocuparse porque, en general, la asociación está muy pendiente de ti y de los niños y te ayuda en lo que haga falta. Además, se encarga de todo el tema burocrático.

Las asociaciones de amigos del pueblo saharaui gestionan la tutela de los menores que asume el Frente Polisario y se encargan, entre otras cosas, de proporcionar a las familias acogedoras la tarjeta sanitaria de la Seguridad Social y el seguro de la responsabilidad civil.

Para Rosa y los suyos, el poder acoger a Chaia y a Uleida fue una experiencia positiva y muy enriquecedora. Por eso, este año repiten.

– Al principio, el año pasado, sí que nos causó cierta sorpresa, pues la realidad de estos niños y la nuestra es muy diferente, y tener que casar ambas realidades durante dos meses parecía muy chocante. Pero después resultó ser todo muy agradable. Recuerdo, por ejemplo, el hándicap del idioma en su primera vez con nosotros. Pero una semana o 10 días después, nos supimos adaptar todos y, durante el resto del verano, se respetaron sin problemas las normas de convivencia, los horarios, etc.

>> Al final, les coges mucho cariño y vas hablando con ellos el resto del año. Y es que los teléfonos móviles han cambiado mucho la comunicación hasta con ellos… ¡Con WhatsApp, todo es más fácil! Además, fuimos a visitarles en Semana Santa, y la relación con sus familias es muy buena. Nos trataron muy bien mientras estuvimos allí.

>> Considero que tener a los niños aquí es un acuerdo de compromiso también con sus familias. Pero no siento que les ayudamos sólo nosotros a ellos, sino que es una relación sincera, recíproca. Efectivamente, es una relación equitativa, de igual a igual. Simplemente que, ahora, con el programa Vacances en Pau, les estamos proporcionando, a los niños, un respiro muy importante para ellos.

 

Con la Resolución 8435, de 19 de junio de 2018, el Gobierno español aprobó “las instrucciones por las que se determina el procedimiento para autorizar la residencia temporal de menores y la estancia de los monitores, de origen saharaui, en España en el marco del Programa «Vacaciones en Paz 2018»”.

 

 

(*) Foto de cabecera: algunos de los niños y niñas saharauis del programa Vacances en Pau acogidos en el Districte d’Horta-Guinardó, de Barcelona / foto: @lluisrodricap

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