Regreso al Sahara 40 años después

Este 14 de noviembre se cumplen 40 años de la firma, en 1975, de los Acuerdos Tripartitos de Madrid, un tratado ilegal no reconocido por la ONU con el cual España entregó el Sahara Español a Marruecos y Mauritania traicionando así a todo el pueblo saharaui y frustando sus legítimas aspiraciones de ejercer su derecho inalienable a la libre determinación y constituirse como Estado tras un proceso reglado de descolonización.

Tras el chantaje que supuso la Marcha Verde, los ejércitos de Marruecos y Mauritania entraron a sangre y fuego por el norte y el sur respectivamente provocando un éxodo masivo de la población saharaui, que huyó despavorida desierto adentro. Brahim es uno de aquellos saharauis que huyeron de aquella barbarie perpetrada por las fuerzas ocupantes de los dos países vecinos. Hoy nos cuenta qué se ha encontrado en su primer y único viaje a la ciudad que le vio nacer, Dajla, 40 años después de tenerla que abandonar iniciando un interminable exilio.

Brahim no es su nombre real pero, a pesar de la distancia, prefiere preservar su identidad y no perjudicar lo más mínimo a familiares, amigos y demás conocidos que tiene en el Sahara ocupado. Actualmente vive en Barcelona, pero no pisaba Dajla desde diciembre de 1975, cuando, como la mayor parte de la población saharaui, huyó ante el avance de las fuerzas de ocupación marroquí y mauritana a las que España iba cediendo el terreno.

– Los que tuvimos la suerte de poder salir, salimos como pudimos de las ciudades del Sahara [Occidental] y nos adentramos hacia el interior del territorio. Y cada vez que la población civil se establecía en un punto determinado en su huida, era objeto del bombardeo de la aviación marroquí. Desde entonces, no he vuelto a pisar mi ciudad natal, Dajla, antigua Villa Cisneros, hasta mi reciente viaje, en febrero de 2015.

Brahim ha tenido otras ocasiones para viajar al Sahara ocupado, pero siempre ha sido reacio a la idea de volver mientras Marruecos siga ocupando el territorio. “Pero, a veces, circunstancias personales te hacen replantearte tus propias decisiones”, se lamenta. “En esta ocasión, he decidido viajar no sólo porque 40 años sin ver a algunos de tus familiares pesan mucho, sino porque uno de ellos está bastante enfermo y quería visitarlo.”

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– Tras la Marcha Verde, yo tuve que huir. El hecho de que las fuerzas ocupantes invadieran el territorio por el norte y el sur y las autoridades españolas les facilitaran listados y expedientes de todos los saharauis que sabían que militábamos en el Frente Polisario, no teníamos opción: o salías de allí o, si te cogían, eras objeto de represalias, detenciones y torturas, como efectivamente ocurrió con muchos de nosotros. Algunos, incluso, encontraron la muerte.

No solamente fueron víctimas los militantes del Polisario y sus familiares, sino que la represión con resultado de muerte se extendió al resto de la población civil saharaui en general, como bien detallan, por ejemplo, los estudios de investigación de Carlos María Beristain y Francisco Etxeberria, de la Universidad el País Vasco, con los cuales, entre otros hallazgos, se encontraron cadáveres que portaban aún su DNI español y que fueron prueba científica fundamental que corroboraba los testimonios que ayudaron a que el entonces juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz procesara, este abril pasado, a once altos cargos civiles y militares de Marruecos por genocidio en el Sahara Occidental entre los años 1976 y 1991.

– Y claro – continúa Brahim-, una vez que sales con la determinación de empuñar las armas, luchar contra esa ocupación y proponerte no volver hasta que dicha ocupación termine, volver antes de conseguir este objetivo representaría una renuncia a tus principios. La guerra continúa, a pesar de que ahora nos encontremos en un proceso de pacificación, pero mientras no se libere el territorio y se retiren las fuerzas de ocupación marroquíes, uno no debería renunciar al objetivo por el cual inició ese éxodo en su día.

Pero, esta vez, han podido las circunstancias y Brahim se ha visto empujado a regresar al Sahara ahora ocupado.

Allí, el hermetismo es absoluto y el bloqueo informativo de los medios de comunicación no se limita sólo a los marroquíes, ya que los medios europeos tampoco se hacen eco de lo que ocurre en el interior del territorio, donde las violaciones de los derechos humanos más fundamentales son constantes.

Aún así, gracias a las redes sociales y la comunicación directa por teléfono, Brahim consigue saber lo que ocurre allí dentro y hacerse una idea de cómo han cambiado las ciudades bajo la dominación marroquí. Pero a pesar de todo, la situación que se describe desde el interior del territorio parece irreal y hasta exagerada desde la distancia.

– Tú sabes qué te vas a encontrar cuando vas a pisar otra vez el territorio en 40 años, pero no es hasta que llegas allí cuando te das cuenta de la magnitud de la transformación. Es muy impactante. Sobretodo, la cantidad de población marroquí. Con el paso del tiempo, la población colona marroquí ha llegado a superar con creces a la población autóctona, la saharaui. Dajla, por ejemplo, es una ciudad que geográficamente no da para mucho más puesto que es una pequeña península, y la administración marroquí la ha ensanchado tanto de barriadas para los colonos, que está a punto de reventar de lado a lado.

En el Sahara ocupado, la población autóctona saharaui ha pasado de ser la única en 1975 a ser una minoría prácticamente invisible en la actualidad. “Puedes estar merodeando por las calles y comercios de la ciudad y llegar a ver tan sólo un saharaui entre miles y miles de marroquíes”, advierte Brahim.

– Y no sólo en las ciudades. Desde que entras por vía terrestre desde la frontera norte con Marruecos, puedes ver, hasta La Güera, en el extremo sur del territorio del Sahara Occidental, toda la costa literalmente invadida, sin excepción, por pescadores marroquíes. Los poblados y algunos campamentos donde muchos se alojan se encuentran en la misma línea de costa, y la marabunta marroquí trabaja a pie de las olas dedicándose por completo al gran expolio y saqueo de la pesca en las aguas territoriales del Sahara Occidental – explica, con el ceño fruncido, Brahim.

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Puerto Al Aaiún / foto extraída de www.fishelsewhere.eu

Marruecos utiliza la cuestión de los recursos naturales para tratar de legitimar su ocupación ilegal en el territorio. De esta forma, trata de que acuerdos comerciales con empresas y otros países, como Rusia, Japón y China, tengan significancia política y jurídica con respecto a su presencia colonial en el Sahara Occidental. En el mismo seno de la Unión Europea existe un debate sobre la conveniencia de mantener el acuerdo pesquero con el Reino de Marruecos ya que, cualquier acuerdo de pesca firmado con el reino alauita que incluya las aguas territoriales del Sahara Occidental es ilegal desde el punto de vista del derecho internacional y contribuye a otorgar legitimidad a la ocupación marroquí sobre este territorio pendiente de descolonización. Pero aquí lo grave es que, en la Unión Europea, se esté dando aún este debate cuando lo debido hubiera sido ceñirse a la legislación internacional desde un principio y no optar por su flagrante violación.

Del mismo modo, Marruecos sigue explotando ilegalmente el resto de recursos naturales del territorio, como los fosfatos, arena para las playas de otros países, como España e Italia, y otros minerales, aunque con vistas de poder hacerlo próximamente también con el petróleo.

– De hecho – continúa Brahim-, están expoliando tanto el territorio que hasta han sido saqueadas tumbas y otros monumentos líticos como los popularmente asociados a los ‘hilalien’, un pueblo que habitó el Sahara Occidental en tiempos pretéritos.

Los beneficios de esta explotación de los recursos del territorio no revierten sobre la población autóctona, como estipula la legalidad internacional, sino que, por el contrario, los saharauis viven practicamente en la miseria y son privados de empleos y acceso a los servicios más básicos para unas condiciones de vida dignas.

Brahim alerta también de la escasez de agua en su Dajla natal. La ciudad disponía de una de las mayores bolsas de agua de la región, pero con el incremento tan abusivo de la demografía ha acarreado su escasez, que se ve agudizada por la explotación masiva de gigantes invernaderos donde se cultivan, sobretodo, melones, mucho tomate Cherry y otras hortalizas.

– Al llegar a la zona ocupada, tuve un sentimiento contradictorio. Por un lado, te reencuentras con tu tierra y tu gente después de unos largos 40 años de ausencia. Eso te hace mucha ilusión y te invade la nostalgia al ver otra vez tu ciudad natal y sus callejuelas… Pero por otra parte, estás disgustado, desilusionado y frustrado ante tanto abuso excesivo en tu propia tierra. Hay una mezcla de temor y odio ante la marroquinidad omnipresente desde que pisas el aeropuerto hasta que sales del territorio, ya que la población marroquí se impone en las calles de las ciudades, en sus mercados, en la administración y en toda la vida pública en general.

Las principales ciudades del Sahara Occidental están tomadas por acuertelamientos de las diferentes fuerzas de seguridad y represión marroquíes, como la policía, el ejército o sus unidades de intervención rápida y antidisturbios. A todo esto, debemos añadir los colonos marroquíes a los que la administración marroquí recurre frecuentemente armándoles con cuchillos y bates para arengarlos contra la población autóctona saharaui cuando ésta se manifiesta pacíficamente. Hay una represión constante y diaria por parte de las fuerzas de seguridad marroquíes en cada ciudad del Sahara Occidental ocupado. Los activistas saharauis de derechos humanos, por ejemplo, sufren tal acoso que hasta sus casas se encuentran vigiladas y cercadas por las fuerzas de seguridad marroquíes prácticamente las 24 horas del día. “El territorio se ha convertido en una gran cárcel a cielo abierto”, denuncia Brahim.

– Para acceder a cada una de las principales ciudades, hay hasta tres controles de seguridad. Y al salir, lo mismo. Las provocaciones, insinuaciones y comentarios con los que herirte la sensibilidad son constantes no sólo en cada uno de estos controles, sino también en puestos fronterizos y dependencias de las instituciones oficiales.

A estas vejaciones es sometida constantemente la población saharaui por el simple hecho de serlo en su propia tierra. Pero Brahim, con ciudadanía española, se movía con cierto amparo con su pasaporte español aunque considera que “en realidad, llevar pasaporte español no es ninguna garantía porque España no es un país que dé la cara por sus ciudadanos. De hecho, hay muchos activistas españoles que han sido apaleados en el Sahara ocupado y nadie ha dado la cara por ellos. Incluso ha habido incidentes con periodistas, parlamentarios españoles y europarlamentarios, y tampoco se ha hecho nada” – se lamenta.

– No sé qué va a ocurrir a partir de ahora porque el futuro del pueblo saharaui no depende sólo de los saharauis o de lo que haga el país invasor, Marruecos, ya que están en juego muchos intereses de potencias como Francia, EEUU y alguna monarquía del Golfo, como la saudí, que sustenta y apoya económica y diplomáticamente al régimen marroquí. Tampoco podemos esperar mucho del papel mediocre, vil y cobarde que juega la ex metrópoli, España, que apoya sin reservas al reino de Hassan II. Este octubre pasado, por ejemplo, España ostentaba la presidencia del Consejo de Seguridad de NNUU y el conflicto del Sahara Occidental no estaba ni en la agenda.

Pero lo que sí ha podido constatar Brahim en este viaje a las zonas ocupadas del Sahara Occidental, según explica, es que toda la población saharaui es independentista y que, por mucha represión y tortura que aplique el régimen alauita, existe un sentimiento colectivo de rechazo y repudio a la presencia marroquí en el territorio. “No es ninguna exageración si te digo que hay una protesta cada día en Dajla, Smara, El Aaiún o Bojador. Siempre hay manifestaciones o alguna escaramuza. Pero hay un nuevo ingrediente en ellas que no se había dado antes y que será determinante en el devenir del conflicto, y es que ahora puedes ver niños y jóvenes de 11, 12 ó 15 años que, incluso con piedras, se suman a estas protestas y se enfrentan a las fuerzas de represión marroquíes.

– El régimen siempre ha apostado por que el tiempo provocaría hastío y hartazgo a la población saharaui haciéndole abandonar en su lucha. Pero estos jóvenes están tomando el protagonismo y enarbolan la bandera saharaui gritando los mismos eslóganes de libertad incluso con más fuerza. Esto echa por los suelos los planteamientos estratégicos de Marruecos respecto a su ocupación del Sahara Occidental.

Gdeim Izik, en 2010, fue una protesta que se inició en las afueras de El Aaiún, pero ahora, según explica Brahim, los enfrentamientos se miden dentro de las ciudades entre la población saharaui y las fuerzas de ocupación junto a colonos marroquíes, que se unen en defensa de los uniformados. A todo esto, los medios de comunicación europeos siguen callando estas protestas.

Gdeim Izik
El desmantelamiento del campamento de Gdeim Izik, en 2010 / foto: Reuters, extraída de www.hrw.org

– No creo que esta situación dure mucho más porque el Frente Polisario no puede aguantar más la presión de la juventud saharaui, que, hoy por hoy, es la garante de la continuidad de la lucha contra el ocupante. Los jóvenes exigen una pronta respuesta al Polisario porque ya no esperan nada de la comunidad internacional. Ni yo, tampoco. No es que yo sea pesimista, pero si nos atenemos a lo que ha ido aconteciendo en estos 40 años, puedes ver que el proceso de paz no ha dado ningún resultado y Marruecos está satisfecho con la inacción de la ONU y su Consejo de Seguridad, por no hablar de la MINURSO [Misión de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sahara Occidental], que brilla por su ausencia y por su ineficacia…

El Frente Polisario lleva tiempo recibiendo algunas críticas por el inmovilismo de estos últimos años ante el conflicto mientras la comunidad internacional le pide más paciencia antes de plantearse una eventual vuelta a las armas. Pero la situación se está volviendo insostenible. De hecho, el Frente Polisario tuvo que soportar una reprimenda en forma de protesta por parte de la juventud saharaui en los mismos campamentos de refugiados de Tinduf, en Argelia, donde jóvenes de todas las wilayas se concentraron en Rabuni, la capital administrativa de los campamentos, para protestar por ese inmovilismo y reclamaron que el Frente empuñara otra vez las armas o que se las entregara a ellos para iniciar ellos mismos la expulsión de Marruecos del todo territorio del Sahara Occidental.

– Quien se beneficia de ese inmovilismo es el invasor, Marruecos. ¿Hasta cuando tenemos que aguantar el expolio de todos nuestros recursos naturales? ¿Hasta cuando hay que aguantar, por ejemplo, que se golpee a nuestras mujeres, se las veje y hasta se las viole con toda impunidad en nuestra propia tierra? Están erosionando nuestra dignidad, y es una situación inaceptable para los saharauis.

Brahim considera que el Polisario ya debió de haber intervenido cuando Gdeim Izik ya que, en aquella ocasión, Marruecos rompió el alto el fuego con la primera muerte en aquella protesta.

– Yo creo que ahora el Frente Polisario moverá ficha porque, si no lo hace, la situación se le puede ir de las manos. Son muchos años aguantando. 40 años de incertidumbre. No aguantamos esto por más tiempo.

 

(*) La foto de cabecera del artículo está extraída de www.panoramio.com