Este pasado 28 de noviembre, se cumplieron 50 años de la Declaración de Guelta, con la que se disolvía la Yemaa en el Sáhara Occidental dejando sin efecto la complicidad que los signatarios de los Acuerdos Tripartitos de Madrid, del 14 de noviembre de 1975, reclamaban de la que había sido hasta entonces la Asamblea General del Sáhara.
Casi todos los firmantes de este documento se adhirieron al Frente Polisario, que había iniciado una guerra de resistencia contra Marruecos y Mauritania cuyos ejércitos invadieron el entonces Sahara español por el norte y el sur respectivamente.
La Marcha Verde entró en el Sáhara Occidental el 6 de noviembre de 1975. Vendieron aquella invasión como una marcha pacífica de 350.000 civiles que cruzaron aquel día el paso fronterizo del Tah, abandonado ya por los españoles. Pero la verdad es que, con un siroco infernal, las Fuerzas Armadas Reales marroquíes (FAR) y las milicias del Frente de Liberación y Unidad (FLU) avanzaron en la vanguardia de aquella marcha camufladas entre grupos de campesinos que portaban banderas marroquíes y ejemplares del Corán. Entre las enseñas, también se podían ver algunas banderas estadounidenses, fiel reflejo de la intromisión de los Estados Unidos en todo aquello.
Pero las FAR ya habían entrado en el entonces Sáhara español unos días antes por otro punto más al este de la frontera norte del territorio, concretamente por Echdeiría, Hausa y Farsía. El Ejército español tenía la orden de no ofrecer resistencia. Esta vendría por parte del Frente Polisario, que se enfrentó al ejército ocupante produciéndose encarnizados combates que dejarían numerosas bajas en un bando y en el otro. Esta fue la invasión militar que precedió en varios días a la Marcha Verde y que entró en el Sáhara Occidental arrasando jaimas y poblados sin miramiento alguno por la gente que los habitaba. Hubo violaciones y ejecuciones arbitrarias de población civil saharaui, pero el mundo seguía mirando al sector occidental de la frontera, como si, al no ser televisada, esta invasión totalmente militarizada que entraba por una posición más al este de esta misma frontera no existiera o no fuera tan real como la otra.
Durante aquel mes de noviembre, el ejército marroquí fue avanzando hacia el sur a sangre y fuego hasta llegar a las puertas de Smara. Mientras tanto, el desierto se había convertido en un reguero de huidos que, en aquel éxodo, se desplazaban, unos a pie y otros en vehículos, hacia el este, donde se encontraba la frontera con Argelia.
Hacia el 26 de noviembre, los habitantes de Smara llevaban días oyendo combates cerca de la ciudad y sabían que pronto los marroquíes entrarían en ella. Antes de que eso ocurriera, parte de la población decidió huir en masa y en dirección sur. Un grupo salió por el paso del uad Tazúa y después se dirigió directamente a Amgala. Otros prefirieron seguir hasta Mheiriz, a unos 20 kilómetros más al sur, aunque, más tarde o más temprano, todos continuarían hacia Tifariti, ya en dirección este.
Para que pudiera entrar el ejército marroquí en Smara, los españoles debían de abandonar antes la ciudad. La última noche antes de abandonarla, los militares destacados en la ciudad santa de los saharauis escucharon los estruendos de los proyectiles que se lanzaban mutuamente marroquíes y polisarios.
Algunos oficiales españoles observaban, desde las ventanas o azoteas de los edificios y en la oscuridad de la noche, el resplandor de los disparos mientras, desde la distancia, trataban de dominar el impulso que les empujaba a lanzarse a entrar en la batalla para defender aquella plaza. Pero la orden desde Madrid era clara: había que abandonar no solo Smara, sino todo el Sáhara.
A la mañana siguiente, la del 27 de noviembre, se oyó a los legionarios entonar la Canción del Legionario, himno que nunca más volvió a escucharse en el cuartel de la ciudad. Más tarde, el comandante Pardo de Santayana fue el encargado de cumplir con la triste obligación de hacer entrega de la ciudad santa de Smara al coronel marroquí Dlimi. La enseña nacional española fue arriada, plegada y recogida con dolor por aquellos militares del Ejército español que, tragándose el orgullo, se retiraron y se marcharon de la ciudad en dirección a El Aaiún, la capital del Sáhara Occidental.
De lo que ocurrió después, Tomás Bárbulo relata lo siguiente en su libro “La historia prohibida del Sáhara Español”:
“Cuando, 24 horas después, las FAR entraron en la ciudad, solo quedaban en ella 600 saharauis que confiaban en las promesas de los marroquíes. Muchos, entre ellos mujeres y niños, fueron detenidos, torturados y desaparecieron en las mazmorras secretas de Hasán II. Mulay Mohamed, padre de un primer ministro de la RASD, fue apresado junto a varios parientes. Lo liberaron 16 años más tarde, el 21 de junio de 1991. Murió el 22.” [1]
Al día siguiente, el 28 de noviembre, la Yemaa se encontraba reunida en Guelta Zemur, a unos 217 kilómetros al sur de Smara. Acudieron a la reunión 67 de sus miembros, entre los que se encontraba su vicepresidente, Baba uld Hassena. Presidiendo este la asamblea, y constituyendo entre todos más de las dos terceras partes del número total de sus miembros, firmaron el Documento de Guelta, con el que, aparte de denunciar la traición al pueblo saharaui por parte del Gobierno español, se aprobaba la autodisolución de la propia Yemaa, dejando sin efecto la complicidad que los signatarios de los Acuerdos Tripartitos de Madrid reclamaban de la que había sido hasta entonces la Asamblea General del Sáhara. Con este documento, Marruecos ya no podría utilizar ante la ONU a la treintena de miembros de la Asamblea General que se habían quedado en las ciudades y servirse del artículo tercero de los Acuerdos de Madrid, donde se decía que sería “respetada la opinión de la población saharaui, expresada a través de la Yemáa”. El siguiente es el texto íntegro de la declaración de Guelta:
“Guelta a 28 de noviembre de 1975. Nosotros, firmantes de este documento histórico, reunidos bajo la presidencia de S.E. Baba uld Hasena uld Aomar, vicepresidente de la Asamblea General saharaui, instituida por las autoridades colonialistas españolas, decidimos lo que sigue: hemos aceptado en el pasado tomar parte en esta institución colonialista, la Yemáa, al habernos prometido España hacer de ella una autoridad aprovechable para el pueblo saharaui y para la consolidación de la independencia en el más breve plazo. Sin embargo, España ha rehusado en varias ocasiones reconocer las prerrogativas asignadas inicialmente a esta Asamblea, sin autoridad real, no teniendo otra significación que su nombre de Asamblea. España ha comenzado finalmente a urdir un complot dirigido contra la independencia de nuestra patria, vendiendo públicamente nuestro país a Marruecos y Mauritania, realizando así la mayor estafa colonialista que la historia haya conocido nunca. Obrando así, España ha justificado su traición con respecto al pueblo saharaui, pretendiendo consultarle por intermedio de la Asamblea General. Nosotros, miembros de la Asamblea, reunidos el 28 de noviembre de 1975 en Guelta, reafirmamos unánimemente lo que sigue:
1º La única forma de consultar al pueblo saharaui es permitirle decidir su destino y obtener su independencia fuera de toda presión y de toda intervención extranjera. En consecuencia, la Asamblea General, que no ha sido elegida democráticamente por el pueblo saharaui, no puede decidir la autodeterminación de este pueblo.
2º Para que no haya ninguna utilización por el colonialismo español de esta institución y como consecuencia de las maniobras intentadas por los enemigos del pueblo saharaui, la Asamblea General decide, por unanimidad de sus miembros presentes, su disolución definitiva.
3º La autoridad única y legítima del pueblo saharaui es el Frente Polisario, reconocido por la ONU, según las conclusiones de la misión de visita de Naciones Unidas.
4º En el marco de una solución de la unidad nacional y fuera de toda intervención extranjera, se constituye un Consejo Nacional provisional saharaui.
5º Nosotros, firmantes del documento de Guelta, reafirmamos nuestro apoyo incondicional al Frente Polisario, representante único y legítimo del pueblo saharaui.
6º Reafirmamos nuestra determinación de proseguir la lucha para la defensa de nuestra patria y la salvaguarda de nuestra integridad territorial.”
Al día siguiente, tuvo lugar, en Mahbes, una reunión donde se encontraron los miembros de la ya disuelta Asamblea firmantes del Documento de Guelta, centenares de otros notables saharauis y dirigentes del Polisario conformando, todos ellos, la representación de todo el Sáhara político de todas las tendencias y generaciones. En una asamblea libre y en la que se encontraba presente el secretario general del Frente Polisario, El Uali Mustafá Sayed, Luali, se elige al Consejo Nacional Saharaui. Siguiendo con la tradición de lo que había sido el Ait Arbain, el Consejo de los Cuarenta, el nuevo Consejo Nacional Saharaui se compondría también de cuarenta miembros, pero se añadió uno más que significaría la renovación de la institución en relación a la tradicional. Su presidente sería Enhemed uld Zeiu, un viejo veterano combatiente del Ejército de Liberación de 1958 y uno de los fundadores del Frente Polisario.
El 6 de diciembre, 57 de los miembros de la extinta Yemaa anuncian públicamente en Argel su unión al Frente Polisario. Nuevas adhesiones al movimiento de liberación saharaui se harán también públicos en otros actos y declaraciones similares y copias del Documento de Guelta se entregarán a las Naciones Unidas, a la Organización de la Unidad Africana, a la Liga Árabe y a la Conferencia Islámica junto a un mensaje de denuncia por la invasión de Marruecos y Mauritania y el genocidio perpetrado por estos dos países contra el pueblo saharaui.
Aquella guerra de resistencia entre el Polisario y los dos países ocupantes duró hasta 1991, pero, tras un proceso de paz fracasado, los saharauis enfrentan actualmente, y desde noviembre de 2020, su segunda guerra de liberación contra Marruecos.
[1] BÁRBULO, Tomás, La historia prohibida del Sáhara Español, Ediciones Destino, Barcelona, 2002, p. 272.
(*) Foto de cabecera: manifestación en favor de la autodeterminación del pueblo saharaui en el antiguo Sáhara español. / Foto extraída de la web de RTVE.
