El documental ‘Mariem’ recoge uno de los últimos testimonios de la cantante saharaui Mariem Hassan

Este 20 de marzo pasado, se presentó, en la 28ª edición del Festival de Málaga, Mariem, el cortometraje documental que rinde homenaje a la que ha sido el máximo exponente de la canción saharaui: Mariem Hassan. La película, de Javier Corcuera, no solo recoge su arte, sino también uno de los últimos testimonios de la cantante antes de su muerte, en 2015.

Aquel año, Mariem Hassan nos dejó para siempre, aunque también para siempre quedaron su voz y sus canciones. La que ha sido la cantante más representativa de la música haul saharaui viajó ese verano a los campamentos de refugiados saharauis para acabar sus días entre los suyos en una jaima en la hamada argelina de Tinduf, donde había llegado casi 40 años antes huyendo del ejército marroquí, que había entrado en el Sáhara Occidental para ocupar el territorio.

Desde entonces, fue toda una vida dedicada a lo que más quería: su gente, la música y la tierra que un día tuvo que abandonar. Es difícil llenar ese vacío que dejó Mariem, quien, a través de su voz, se convirtió en una excelente embajadora de su pueblo haciendo llegar la cultura y la causa saharaui a todos los rincones del mundo. Murió la persona, pero nació la leyenda.

Conocí a Mariem hace casi veinte años a raíz de la grabación de Saharauis, entre la ocupación y el exilio (2010), un documental que estábamos preparando por aquel entonces. Dada su significancia en la cultura y la sociedad saharauis, Mariem Hassan entraba como prioridad en la previsión de entrevistas. Queríamos que la filmación fuera en un lugar emblemático de la música en la ciudad en la que vivíamos y conseguimos que el Auditori de Barcelona abriera para nosotros aquel día solo para la entrevista. Con ese privilegiado entorno a nuestra disposición, la grabación discurrió en un ambiente apacible pero lleno de fascinación por la sugerente conversación que estábamos manteniendo con Mariem, quien no borró su sonrisa en toda la tarde. Porque así era ella: agradable en el trato, incluso con los desconocidos, como éramos nosotros en ese primer encuentro. Y esa sencillez y gratitud continuó todo el tiempo que vino después.

Mariem Hassan nació cerca de la ciudad santa de Smara cuando esta pertenecía a lo que antes era el Sáhara español. Su familia se dedicaba al cuidado de rebaños, pero el ambiente doméstico era muy dado a la música y la poesía y Mariem ya cantaba de muy joven. Nos explicó que echaba de menos la libertad que tenían entonces en su propia tierra para poder cantar y bailar la música saharaui en las casas y en las calles sin demasiadas prohibiciones, aunque las había, como las reuniones clandestinas del recién creado Frente Polisario en una de las cuales Mariem llegó a protagonizar una huida de la policía colonial española escapando por una ventana.

Pero cuando contaba con 17 años, tuvo que huir de una forma más definitiva desierto adentro, como buena parte de la población saharaui. Eran los días de la Marcha Verde y los Acuerdos Tripartitos de Madrid, en 1975, cuando la invasión del ejército de Marruecos invadió el Sáhara español a sangre y fuego por el norte mientras que Mauritania lo hacía por el sur. España, doblegada a las exigencias de Marruecos, abandonó el Sáhara Occidental sin hacer uso de la responsabilidad que tenía como potencia colonial de ese territorio pendiente de descolonización.

Mariem y su familia dejaron para siempre la que ahora es la Smara ocupada. Huyeron con lo puesto y algunas garrafas de agua desierto adentro hasta llegar a Mheiriz, donde ya habían acudido otros saharauis que también huían del ejército y la aviación marroquí. Luego llegaron a Tifariti y, antes de que esta fuera bombardeada, les recogió un camión que finalmente los llevó a la hamada de Tinduf, ya en Argelia, donde se asentaron los campamentos de refugiados saharauis.

Allí pasó los siguientes 27 años. Fueron los años de la guerra y los de las primeras negociaciones después del armisticio de 1991. Durante todo este tiempo que pasó en los campamentos de Tinduf, concretamente en el campamento que lleva el nombre de la ciudad que la vio nacer, Smara, se hizo enfermera, tuvo a sus 5 hijos y perfeccionó su voz haciéndose cada vez más conocida y llegando a consolidar su carrera como cantante.

El primer grupo musical en el que participó fue El Uali, que debía su nombre al que fue secretario general del Frente Polisario y primer presidente de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), muerto en combate en 1976. El grupo revolucionó el panorama musical saharaui pretendiendo mostrar la vigencia cultural del haul. La formación viajó a varios países llegando a participar en diversos actos de cierto contenido político y topándose, en algunos de ellos, con marroquíes que venían a las actuaciones con objeto de boicotearlas. Eran los años de la guerra con Marruecos, y de este tiempo también es el disco Polisario vencerá (1982), publicado en formato doble LP por Guimbarda y reeditado por el sello discográfico Nubenegra en 1998.

Mariem solo pudo participar ocasionalmente en algunas de las salidas del grupo al extranjero ya que, como también ocurría con las otras mujeres, el nacimiento de los hijos y su crianza dificultaba la dedicación a la banda y a las grabaciones de los temas.

Pero pasaban los años y el nombre de Mariem Hassan era cada vez más conocido. Su talento empezó a destacar traspasando fronteras. Este impulso de su carrera como artista está ligado a Nubenegra, que, con Manuel Domínguez al frente, saca, en 1998, la caja de discos compactos Saharauis, en la que Mariem participa en algunas de las canciones del disco A pesar de las heridas. De una de una estas canciones, Hijos de la revolución, es el siguiente vídeo registrado en aquellos primeros años y subido posteriormente a Promonubenegra, el canal de Nubenegra en YouTube:

Son canciones que hablan del exilio, el éxodo tras la Marcha Verde, los mártires de la guerra o el sufrimiento generalizado del pueblo saharaui que, tras años de estar lejos de su tierra, solo piensa en volver a ella. Pero, sin duda, una pieza excepcional de este disco es Canción de la intifada, compuesta por la propia Mariem e imprescindible en todas las actuaciones que tuvo posteriormente con Leyoad, el grupo que formó junto a Nayim Alal.

Después vinieron los discos Mariem Hassan con Leyoad (2002) y Medej (2004). Este último es una compilación que se hace de medej, que son cánticos espirituales y tradicionales y que, en el disco, también son cantados por otras destacadas voces del exilio, como las grandes de los medej saharauis Jeirana y Faknash.

Mariem ya se había instalado en Sabadell (Barcelona) para así facilitar la consagración de su carrera artística a nivel internacional. Pero a medida que la fama de Mariem Hassan iba creciendo, el conflicto del Sáhara Occidental se estancaba cada día más. No obstante, Mariem Hassan se consideraba a sí misma embajadora del pueblo saharaui. Era consciente de que formaba parte de la cultura saharaui y, en cierto modo, sentía la responsabilidad de darla a conocer al resto del mundo. Ella tenía la oportunidad de hacerlo puesto que las giras la llevaban a visitar muchos países y, con sus canciones, podía expresar lo que desea y siente el pueblo saharaui. No solo era hablar de la especificidad de su cultura o la diversidad de su música, sino se trataba también de transmitir el deseo de libertad y justicia de los saharauis, y tenía claro que, por pequeña que fuera la oportunidad que se le diera para expresarse, sea hablando o cantando, la aprovecharía para hacer saber que hay un pueblo que vive desde hace 50 años entre el exilio en unos campamentos de refugiados y la represión de Marruecos en la zona ocupada del Sáhara Occidental.

Aquella obstinación por denunciar la situación que vive su pueblo la vivimos también aquella tarde en el Auditori. La entrevista no fue ninguna excepción. De hecho, su primera intervención fue para dar las gracias no por la entrevista que le hacíamos a ella como máximo exponente de la canción saharaui, sino por ofrecerle la oportunidad de poder hablar de la situación en la que se encuentra su pueblo.

El año 2005 es un año intenso para el pueblo saharaui, pero especialmente para Mariem Hassan. En mayo de ese año estalla la intifada en la zona ocupada del Sáhara Occidental, pero también es el año del primer disco de Mariem en solitario, Deseos (2005), y de dos fatalidades que la marcarán para el resto de sus días: el inesperado fallecimiento de su guitarrista y amigo, Baba Salama, y la detección del cáncer que años después acabaría con su propia vida.

Aun así, Deseos obtiene un éxito rotundo y, una vez recuperada de la operación, Mariem vuelve a los escenarios para presentar el disco por todo el mundo. De este trabajo son las canciones Jelefne bi salam (“Queremos la paz”), La tumchu anni (“No nos olvidéis”) y Sbar (“Paciencia”), que después dedicaba a Baba Salama. También encontramos El Chouhada (“Los mártires”), que rinde homenaje a los tres hermanos que perdió en la primera guerra contra Marruecos (1975-1991).

Pero en general, no cantaba canciones de la guerra. “Las dejo un poco apartadas a la espera de que Marruecos salga del Sáhara. Aunque si no sale, volveré a cantarlas”, advirtió.

Y de la misma forma que, en tiempos de guerra, se cantan canciones para alentar a los combatientes, Mariem también hacía lo propio para las intifadas. Era consciente del papel que jugaban su voz y sus canciones para todos los saharauis a ambos lados del enorme muro que divide su país de norte a sur y que separa el Sáhara ocupado de los Territorios Liberados. “Tenemos que apoyar a los que resisten en los territorios ocupados y una de las maneras es hacerlo a través de la música”, decía, “pues sabemos que allí escuchan nuestras canciones”.

El mundo tiene que saber de la represión que sufre la población saharaui en la zona ocupada”, denunciaba. Y dada la tensión del momento en los territorios ocupados, se decidió incluir, en el disco Deseos, el tema Intifada pero en una versión más intensa acompañada por las guitarras eléctricas del hermano de Mariem, Boika, y del posteriormente fallecido Baba Salama. El siguiente video, extraído también de Promonubenegra, es un directo de la canción:

A pesar de la represión constante de las autoridades marroquíes en la zona ocupada, Mariem insistía en la solución pacífica. Pero su esperanza en las Naciones Unidas decaía como lo hacía en cualquier saharaui. “Lo hemos dejado todo en manos de la ONU y esperamos que esta cumpla con sus resoluciones, pero llevamos muchos años en este proceso – del cual ella es responsable – y no hacen más que retrasar su solución año tras año”, se lamentaba. “Si siguen sin hacer nada, nos obligarán a volver a la guerra”, dijo, sin saber que, desde 2020, están hablando otra vez las armas. “Piensa”, continuó, “que hemos esperado muchos años. Mi primer hijo, por ejemplo, ya nació en los campamentos de refugiados de Tinduf, en Argelia, y él nunca ha visto el Sáhara [ocupado]. Y como él, muchos de nuestros hijos y nietos.”

En 2009, se publica Shouka y, aunque se aprecien ciertas reflexiones personales tras cuatro años luchando contra su enfermedad, persiste la denuncia como tema central. Destaca, por ejemplo, la canción que dio nombre al disco y en la cual contesta con cierto sarcasmo a cada una de las frases que se van intercalando y que corresponden al discurso que hizo Felipe González en Tinduf en 1976, tan alejado de lo que resultó ser su política respecto al Sáhara Occidental una vez llegó a La Moncloa.

De hecho, ningún Gobierno español desde entonces se ha posicionado con la que en su día fue la provincia 53 del Estado. Para Mariem, “España es responsable de lo que está ocurriendo en el Sáhara Occidental y de lo que le pasa al pueblo saharaui, y tiene la obligación moral de buscar todas las soluciones posibles para que Marruecos abandone el Sáhara. Pero el Gobierno español no quiere escuchar ni oír. Es sordo y ciego a todos nuestros problemas”.

Ya en 2012, en el contexto de las primaveras árabes, se publica el disco El Aaiún Egdat (“Arde El Aaiún”), cuyo título hace referencia a los sucesos posteriores al desmantelamiento del campamento de Gdeim Izik, en 2010. En lo técnico, el disco mantiene la base del haul, acercándose al blues, al jazz y a otros sonidos contemporáneos.

Desde entonces, Mariem tuvo que ir dosificando cada vez más sus actuaciones debido a la enfermedad. Pero continuó trabajando y colaborando con otros músicos, como Sebastião Antunes, y siempre manteniendo la ilusión de dar a conocer, donde no se conocen, los ritmos marcados por el tbal y acompañados por guitarras eléctricas, sustitutas del tdinit.

Aún sacaría un último disco en febrero de 2015. Baila Sahara Baila (2015), firmado por Mariem y su amiga y percusionista Vadiya Mint El Hanevi, estaba grabado desde 2009, que es cuando se grabó también Shouka, pero no salió por dar prioridad a este último, que contenía canciones más de autor y de cierto contenido político, según explicó en su día Manuel Domínguez. Pero finalmente, tras la experiencia del proyecto «Cuéntame Abuelo – Música», que pretendía recuperar la tradición oral de la música saharaui, Mariem y Manuel retomaron el trabajo de Baila Sahara Baila y lo publicaron dedicándoselo a todos los saharauis para que puedan no solo escucharlo, sino también utilizarlo, incluso, en ceremonias y otros eventos si no se tienen músicos a su alcance. En los temas subidos a Promonubenegra, Vadiya hace de bailarina y muestra cómo se bailan las piezas del disco.

La preocupación de Mariem por la pervivencia de la cultura saharaui para las futuras generaciones fue una constante en sus últimos años, y es una suerte que entendiera la urgencia del trabajo que se había propuesto llevar a cabo Nubenegra consistente en grabaciones para una antología de música, poesía y canción saharaui. Y con el fin de incrementar la compilación de los escasos registros que existen, en ello colaboró Mariem.

Su ejemplo de lucha nos enseñó que, con la cultura, un pueblo permanece. Mariem lo tenía claro y, hasta sus últimos días, utilizó la música y la canción para reivindicar la identidad del pueblo saharaui, que está siendo seriamente amenazada.

Ya lo hizo en los tiempos revolucionarios de los primeros años del Frente Polisario, cuando el movimiento de liberación luchaba entonces contra la colonización española y Mariem era solo una adolescente. Y lo siguió haciendo 40 años después. Sus denuncias traspasaron fronteras en forma de canciones y la convirtieron en una embajadora única para su pueblo. Ahora su legado permanece entre nosotros y nos tiene que acompañar en la lucha hasta que todo el pueblo saharaui consiga volver a la tierra de la que un día fue expulsado, y a la que Mariem ya nunca pudo volver.

En paz estés, Mariem.

(*) Foto de cabecera: detalle de un fotograma del documental “Mariem” (2025). / Imagen extraída de la web del Festival de Málaga

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