Este 9 de junio, se cumplen 50 años de la muerte en combate de El Uali Mustafa Sayed, Luali, quien era, ese día de 1976, el secretario general del Frente Polisario y primer presidente de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD).
Su legado sigue vivo como símbolo de resistencia y, cada 9 de junio, el pueblo saharaui celebra el Día de los Mártires para honrar también la memoria de todos los saharauis caídos en la guerra por la libertad y la independencia del Sáhara Occidental.
Tras la Marcha Verde y la entrega del entonces Sáhara Español a Marruecos y Mauritania por parte de España con la firma de los Acuerdos Tripartitos de Madrid el 14 de noviembre de 1975, el Frente Polisario inició una guerra de resistencia contra Marruecos y Mauritania cuyos ejércitos invadieron el Sáhara Occidental a sangre y fuego por el norte y el sur respectivamente.
El 27 de febrero de 1976, en Bir Lehlu, el Consejo Nacional Saharaui y el Frente Polisario proclamaron la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), de la que, el 4 de marzo siguiente, se proclamaría a Luali como su primer presidente. Pero fruto de la guerra de resistencia contra las dos potencias ocupantes, el pueblo saharaui quedó dividido en dos partes: por un lado, la mitad de la población saharaui se estableció exiliado en los campamentos de refugiados saharauis levantados en la hamada[1] argelina de Tinduf, mientras que, por el otro, la población saharaui que no consiguió huir quedó atrapada por la ocupación y todavía hoy vive bajo la represión del régimen militar marroquí.

A los pocos meses del inicio de la ocupación del Sáhara Occidental por marroquíes y mauritanos, Hasán II, rey de Marruecos, y Mojtar uld Dadah, presidente de Mauritania, llegaron a un acuerdo para repartirse el territorio con el Tratado de Rabat, firmado el 14 de abril de 1976 por el ministro marroquí de Exteriores, Ahmed Laraki, y su homólogo mauritano, Hamdi uld Meknass. En el convenio, que fue ratificado el 10 de noviembre de ese mismo año, se estipulaba que Marruecos se quedaba con dos terceras partes del antiguo Sáhara Español, unos 336.700 kilómetros cuadrados, mientras que el tercio restante sería para Mauritania.
Sin embargo, Luali, como secretario general del Frente Polisario y presidente de la RASD, tomó la decisión de atacar la capital mauritana, Nuakchot, una decisión cuya planificación quería llevar a cabo él mismo con el máximo secreto para evitar cualquier eventualidad que la hiciera fracasar.
Hacía meses que Luali había pensado en neutralizar cuanto antes a uno de los dos ejércitos invasores para poder centrar después todo el esfuerzo bélico solo en el otro. Por un lado, tenía al enemigo mauritano en el sur del Sáhara Occidental y, por el otro, a los marroquíes en el resto del territorio nacional que no controlaba el Polisario. Luali llegó a la conclusión de que, para terminar pronto con una de las dos potencias ocupantes, tenía que decidirse por el enemigo más débil, que era Mauritania, pues su ejército era el menos preparado y el que más carencias materiales y en efectivos presentaba. Además, los mauritanos despertaron mucho rencor entre los saharauis, quienes no entendían que fueran traicionados y atacados por los que consideraban sus hermanos del sur tras siglos de compartir con ellos tantos lazos culturales y antropológicos y una misma historia común beduina.
Como el resto de saharauis, Luali se sentía también traicionado, pero centraba su resentimiento solamente en el presidente Uld Dadah, a quien, un año antes, había llegado a ofrecer, en una reunión mantenida entre ambos, la presidencia de un futuro Estado federal compuesto por Mauritania y el Sáhara Occidental. Pero el presidente mauritano terminó por preferir las prebendas que le prometió la monarquía cherifiana.
No obstante, Luali pretendió, en todo momento, hacer entender a su pueblo que la lucha no estaba dirigida contra el pueblo hermano mauritano, sino contra su presidente y su gobierno.
El ataque a Nuakchot representaba, para Luali, un objetivo de gran trascendencia estratégica, pues creía que había en él un componente psicológico que podía llegar a influir de manera decisiva en el curso de la guerra. Con la consecución del ataque, la población mauritana podría constatar que, si la guerra llegaba a los edificios del centro de poder estatal, como eran el parlamento nacional o el mismo Palacio Presidencial, también podía llegar a las puertas de sus casas. Luali conocía además la simpatía que despertaba el Polisario como movimiento de liberación nacional entre algunos actores políticos del país y esperaba que, junto a la situación de terror que un ataque ocasionaría entre la población mauritana, se pudiera desencadenar alguna reacción popular o incluso militar que hiciera caer el régimen de Uld Dadah.
Con este ambicioso plan, pronto empezaron los preparativos y la puesta en marcha de la operación.
Finalmente, el 3 de junio de 1976, sobre las 13h, unos 180 combatientes partieron de Rabuni[2] en dirección a Nuakchot, aunque ninguno de estos guerrilleros sabía aún que el objetivo era la capital mauritana.
Luali emprendió el viaje seguro de la victoria. A él y a sus hombres, les esperaban 1.500 km de camino y, con ellos, recorrerían el desierto un camión cisterna con agua y otro con el combustible suficiente para un ataque rápido al centro de poder mauritano, preferiblemente el Palacio Presidencial, y la subsiguiente retirada. Luali no quería más. No llevarían combustible para una operación más prolongada. Si esta se complicaba, todo devendría en un serio problema de logística y abastecimiento.
También transportaron víveres y munición para morteros de 120 mm, cañones de 110 mm y antiaéreos.
Al día siguiente, antes de cruzar la frontera mauritana, se ordenó descansar a toda la columna de combatientes. Ese momento es aprovechado por Luali para informar a sus hombres, por fin, del objetivo de la misión. Luali también les comunica que él mismo dirigirá la batalla encabezando la operación. Los guerrilleros quedaron sorprendidos por la noticia. Sabían que Luali era capaz de llevar a cabo cualquier acción, pero no imaginaban que fuera una de esa envergadura.
—Sé que es una misión difícil y que muchos de nosotros pereceremos en ella — les advirtió Luali aquel día —, pero con que solo uno de nosotros consiga llegar otra vez a Rabuni, ya será una gran victoria.
Las palabras de Luali generaron una tensión expectante ante aquel auditorio, pero el líder del Polisario aún no había terminado:
—También puedo entender que esta operación sea, para muchos de vosotros, una misión suicida y que no estéis convencidos de poder llevarla a cabo con éxito. Pero yo necesito que quien venga conmigo esté seguro de la victoria, así que, para quien no esté convencido, es preferible que se quede. Ahora es el momento de echarse atrás, puesto que aún no hemos cruzado la frontera. El resto, que dé un paso al frente.
La reacción de aquellos casi doscientos combatientes fue unánime. Como un bloque monolítico, todo el mundo dio un paso al frente. No fue necesaria ni una palabra más por parte de nadie. Cualquiera de los allí presentes estaba dispuesto a acompañar a Luali a donde fuera y hasta el final.
Distribuyeron las provisiones, las municiones y el combustible llenando el depósito de cada uno de los vehículos, y, al caer la tarde, retomaron la marcha cruzando la frontera en dirección sur.
El trayecto duraría algunas jornadas, pero, en un principio, la columna de guerrilleros polisarios fue descendiendo hacia el sur paralelamente a la vía ferrocarril que, desde el norte, trasportaba el hierro de Zuerat hasta Choum, la ciudad mauritana próxima a la esquina que forma la frontera saharaui en su extremo sureste. Al llegar a este punto, la vía del llamado Tren del Hierro de Mauritania bordea por fuera este vértice fronterizo entre los dos países y, ya en Choum, gira en dirección oeste para continuar recto unos 400 kilómetros y llegar finalmente hasta el mar, ya en el puerto de Nuadibú.

En el mes de abril, el Polisario ya había realizado un ataque a este ferrocarril, pero vendría otro en diciembre de ese mismo año. Numerosos ataques se siguieron en 1977 y 1978, con los que el tráfico del mineral se vio interrumpido de manera constante en aquel periodo con el consecuente descenso de producción y afectando de manera alarmante la economía de Mauritania durante aquellos años.
Pero el objetivo de aquellos primeros días de junio de 1976 para esos 180 guerrilleros polisarios no era el tren del hierro de Zuerat, sino una ciudad, la capital del país, que se encontraba aún a medio millar de kilómetros.
El contingente polisario siguió avanzando por carretera hacia Nuakchot. Pero a medida que se aproximaban a la ciudad, fueron encontrándose cada vez con más tráfico, hasta que llegó un momento en que decidieron parar los coches con los que se cruzaban e hicieron descender de ellos a los conductores para apropiarse no solo de sus vehículos, sino también de sus darraas[3]. Al poco, una vanguardia de varios Land Rover, seguida por una multitud de coches con matrícula mauritana pero repletos de polisarios, avanzaba a toda prisa camino a la capital.
Nuakchot fue finalmente atacada por dos veces el 8 de junio. La casa presidencial y los barrios con las distintas sedes de gobierno fueron bombardeados con morteros de 120 mm y bazucas. Tal y como quería Luali, se había atacado el Palacio Presidencial, no al pueblo mauritano.
Al día siguiente, durante la retirada, Luali decidió hacer volar, junto a un pequeño contingente de guerrilleros, el sistema de tuberías de un pozo a dos cientos kilómetros al norte de Nuakchot que suministraba el agua a esta ciudad y así originar un problema de suministro para toda la población de la capital y, de esta manera, también al mismo ejército.
Pero en plena acción de sabotaje, un avión Defender interceptó a los cinco vehículos en los que se desplazaba el grupo de Luali y les disparó munición desde el aire. Pronto serían ya cuatro aviones los que les disparaban.
Los guerrilleros polisarios intentaron defenderse, pero se vieron sorprendidos también por tropas mauritanas que les superaban mucho en número. Los saharauis pronto se dieron cuenta de que la munición de sus kalashnikov poco podía hacer ante los blindados mauritanos. Emplearon algunas bazucas con las que llegaron a inutilizar algunos vehículos enemigos, pero estos eran demasiados y disponían de artillería que también usaban contra ellos. Finalmente, la metralla de una de las granadas lanzadas por las tropas mauritanas segó la vida de Luali, que murió al instante. Serían sobre las 14h del miércoles 9 de junio de 1976.
A Rabuni, fueron llegando sobrevivientes de la operación contra la capital mauritana, pero el desconcierto sobre la posible muerte de Luali era total en los campamentos y rumores de todo tipo sobre si seguía vivo o no corrían de jaima en jaima. En el hospital, se seguía esperando a que llegara con otros heridos. Pero pasaban las horas y los días, y, entre los pocos que siguieron llegando de la operación de Nuakchot, no se encontraba el líder del Polisario.
Algunos de los que regresaron recordaban las palabras de Luali:
—Con que solo uno de nosotros consiga llegar otra vez a Rabuni, ya será una gran victoria.
De esta manera, habría quien explicase qué y cómo ocurrió. Fue, entonces, una gran victoria porque el alcance de aquella operación significó, en parte, y tres años más tarde, la rendición de Mauritania, tal y como proyectó Luali. Pero su muerte fue un precio muy alto que se pagó.
El viernes 11 de junio, el periódico mauritano Chaab titulaba: “150 muertos y prisioneros, 30 vehículos destruidos o recuperados, una gran cantidad de armas, municiones, droga y opio (balance provisional de pérdidas del enemigo del 5 al 10 de junio)”. En la parte inferior de la portada, se colocó una foto de Luali desfigurado por la metralla.
El 20 de junio, el Comité Ejecutivo del Polisario haría el comunicado oficial anunciando la muerte del secretario general del Frente y presidente de la república.
Por su parte, Mauritania acusó ante la ONU a Argelia de estar detrás del ataque a su capital y Marruecos intensificó la ayuda militar al régimen de Uld Dadah.
En la operación en que cayó herido de muerte el líder de los polisarios, murieron también todos los combatientes excepto Uleida Mohamed Alí, uno de los más prósperos comerciantes saharauis de la época colonial. Combatió junto a Luali y fue cogido allí mismo prisionero, pero fue asesinado más tarde en manos de un oficial mauritano mientras él se encontraba aún maniatado.
Luali y Uleida Mohamed Alí fueron sepultados en las afueras de Nuakchot bajo un letrero que rotulaba: “Peligro: explosivos”. Uld Dadah declaró el 9 de junio como el día de las Fuerzas Armadas mauritanas.
La muerte de Luali fue muy sentida entre el pueblo saharaui, pero, a su vez, impulsó su lucha, su combatividad y la resistencia frente a los invasores. Se desencadenó entonces la gran ofensiva Shahid Uali, “Mártir Uali”, un embate general y permanente en todos los frentes, tanto en el militar como en el político, en el diplomático y en lo social.
Las operaciones no se interrumpieron en ningún momento, llegando a hundir, a finales de agosto, un barco cerca de El Aaiún, la capital ocupada del Sáhara Occidental, que transportaba material bélico para Marruecos. El 16 de septiembre, un comando atacó la cárcel esta misma ciudad liberando a varios presos al tiempo que causaba una treintena de bajas sobre los marroquíes.
Mientras tanto, la mujer de Uleida Mohamed Alí pasaría a conformar una de las imágenes más icónicas de la lucha del pueblo saharaui por su libertad. Su nombre era, es, Nueina Djil y, fusil en mano, sujetaba con el otro brazo a su hija pequeña mientras la fotoperiodista Christine Spengler inmortalizaba su figura para siempre.

Durante muchos años, y hasta principios de 2026, Nueina fue directora de la escuela de adiestramiento militar para mujeres.
Tras la muerte de Luali, Mahfud Alí Beiba asumió el cargo de secretario general de Frente Polisario hasta la celebración del III Congreso del movimiento, en el que el 30 de agosto siguiente se eligió a Mohamed Abdelaziz como nuevo secretario general y presidente de la República Árabe Saharaui Democrática.
Aquella guerra de resistencia entre el Frente Polisario y los dos países ocupantes se prolongó hasta 1978 en el caso de Mauritania, y en el de Marruecos, hasta 1991. Sin embargo, tras el fracaso del proceso de paz posterior al alto el fuego, los saharauis afrontan actualmente, y desde noviembre de 2020, su segunda guerra de liberación del Sáhara contra Marruecos.
[1] Una hamada es un tipo de paisaje desértico caracterizado por estar formado principalmente por roca desnuda, grava y superficies pedregosas, con muy poca arena. La Hamada de Tinduf es la extensa región de estas características situada en el suroeste de Argelia y en la que, cerca de la frontera con el Sáhara Occidental y Mauritania, se encuentran la ciudad de Tinduf y los campamentos de refugiados saharauis.
[2] Rabuni: campamento de los refugiados saharauis de Tinduf donde el Frente Polisario y la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) tienen sus centros administrativos.
[3] Darraa: prenda tradicional masculina saharaui.
(*) Foto de cabecera: Luali y Ahmed Baba Miské en mayo de 1976. / Foto de Gerald Bloncourt
