Presentación de ‘Refugiados permanentes. Los dilemas del pueblo saharaui’

Este próximo sábado, 1 de septiembre, a las 18h, se presenta Refugiados permanentes. Los dilemas del pueblo saharaui, un libro que repasa cronológicamente la historia del conflicto saharaui y que plantea algunas cuestiones con las que se contribuye a encontrar respuestas al mismo. El acto tendrá lugar en Gósol, una pequeña localidad prepirenaica en plena Serra del Cadí, e intervendrán Mah Iahdih, subdelegado del Frente Polisario en Catalunya, y Núria Salamé, presidenta de la Federació d’Associacions Catalanes Amigues del Poble Sahrauí.

También se contará con la presencia del autor, Pedro Hernández Carrión, con quien hemos conversado sobre el libro y su perspectiva sobre el conflicto.

Pedro Hernández Carrión es un profesor de secundaria con una larga trayectoria vinculada a la cooperación internacional. Ha colaborado en varias ONGD, principalmente dentro del ámbito educativo y de la formación solidaria, y ha ocupado diversos cargos de responsabilidad en algunas de ellas. Su vocación por la cooperación le ha llevado a trabajar en proyectos en varios países en vías de desarrollo y también en los campamentos de refugiados saharauis en Tinduf, en Argelia, donde ha conocido de cerca la realidad de largo exilio del pueblo saharaui y ha podido analizar las vicisitudes en las que éste se encuentra actualmente.

Ahora ha querido, en forma de libro, exponer los datos más básicos del pasado, del presente y de los posibles futuros del pueblo saharaui. Y lo hace proponiéndose dos objetivos. El primero es rescatar del olvido el conflicto irresoluto que lleva padeciendo este pueblo desde hace más de cuatro décadas. El segundo, proporcionar un debate más sobre el conflicto como aportación a los otros ya planteados y contribuir, desde una perspectiva propia, a analizar críticamente su presente y las posibilidades de futuro.

Pero su primer contacto con el pueblo saharaui no le vino a través de su implicación en el mundo de la cooperación, sino de mucho antes…

 

– ¿De dónde deriva su compromiso con el pueblo saharaui?

– A mí me tocó hacer el servicio militar en el Sahara Occidental en 1974, un año antes de la Marcha Verde. Oficialmente era una provincia más de España, pero, una vez allí, era bien fácil darse cuenta de que la realidad en el Sahara tenía poco que ver con España; aquello era, a todas luces, una ocupación militar de un pueblo autóctono y los soldados no estábamos defendiendo a nuestro país sino usurpando un territorio ajeno… Éramos muchos quienes, aún sin poderlo expresar, moralmente estábamos con los saharauis. Además, la unidad militar a la que me destinaron (la Policía Territorial) era mixta: más de la mitad de sus componentes era nativos y eso propiciaba la convivencia y el conocimiento de sus percepciones vitales y de sus sueños como pueblo.

Allí y así conocí al pueblo saharaui; desde entonces, ese pueblo tuvo siempre mi interés y mi empatía.

 

– ¿Qué valores destacaría de ese pueblo?

– Sin duda, su compromiso con la justicia, su tenacidad y resistencia y su apuesta por la negociación y el diálogo para resolver su contencioso.

 

– En el libro, ¿por qué señala la cooperación como el factor fundamental de la resistencia del pueblo saharaui?

– La situación en la que queda el pueblo saharaui tras el abandono por parte de España es durísima: su territorio es ocupado militar y socialmente por Marruecos y Mauritania (no se ha contado con los saharauis para nada), la herencia recibida del colonizador se reducía a unos cuantos mandos militares de bajo grado y un abogado (ningún maestro, ningún médico), no existe estructura política (el Frente Polisario se constituye de urgencia con un puñado de estudiantes), no se dispone de ejército ni de administradores públicos… Las acciones de protesta pronto se resuelven en guerra abierta y, ante las actuaciones desmesuradamente agresivas del potencial militar marroquí, la dirigencia política saharaui decide sacar a la población civil del escenario bélico… Así nacen los campamentos de refugiados de Tinduf, en Argelia.

Se montan con carácter temporal o transitorio, y se montan partiendo de cero, porque los refugiados saharauis (mujeres, niños y ancianos) son extremadamente pobres… son miembros de un pueblo de pastores nómadas… Todo ha de surgir de la nada y de la voluntad de conseguir remontar la situación. Argelia ayuda proporcionando el territorio y la seguridad y la ACNUR actúa como en cualquier otro caso de personas refugiadas: aporta tiendas de campaña, alimentación básica y atención sanitaria elemental.

Nadie podía imaginar entonces que el conflicto se estancaría y que tendrían que permanecer como refugiados, en los campamentos, más de cuarenta años.

Resulta imposible – para quienes no lo hemos padecido – imaginar lo que significa vivir como refugiado 42 años… En un campo de refugiados no hay nada: no hay trabajo, no hay futuro, sólo cabe la espera y una espera de 42 años produce, indefectiblemente, desesperación. Los mayores van muriendo fuera de su tierra y los jóvenes han nacido en una tierra que no es suya… Y hay que seguir esperando. ¿Podemos imaginar una vida que consista en esperar indefinidamente?

Sin embargo, a día de hoy, en cada uno de los campamentos de refugiados encontramos escuelas, hospitales, instituciones públicas, pistas de deporte, talleres, emisoras de radio… ¿Cómo es eso posible?

Es el milagro de la cooperación (¡ojo, que no digo ayuda!). El asombroso aspecto de sociedad activa y viva que proporcionan los campamentos es el resultado de la suma de esfuerzos y de voluntades de mucha gente, de personas distintas y distantes que han apostado por la colaboración desinteresada. No hablamos de países, hablamos de gente, de personas anónimas.

 

– ¿Cómo liga este aspecto de la cooperación con la resistencia de la población civil saharaui en los territorios ocupados?

– La resistencia de los saharauis que quedaron en la zona ocupada por Marruecos tiene otra naturaleza. La resistencia de los refugiados de los campamentos de Tinduf está relacionada con la supervivencia. Llegan allí para no morir en la guerra y se acaban organizando socialmente para no caer en la pasividad vacía y para mostrar al mundo su capacidad de lucha y de sacrificio en espera de una solución justa de su contencioso…

La resistencia de los que viven bajo la tutela de Marruecos es de carácter reivindicativo, testimonial y moral. Ellos viven en una sociedad plena y ajena, aunque, quienes se niegan a integrarse, a dejar de ser saharauis para ser marroquíes, sufren marginaciones y agresiones de todo tipo.

Su resistencia es igualmente dura porque se desarrolla frente a un enemigo omnipresente y represor, pero necesita de soportes más morales que materiales. La resistencia de los refugiados está enviando al mundo el mensaje de que, pese al abandono y el olvido internacionales, el pueblo saharaui sigue vivo y aspirando a volver a su tierra; la de los de la zona ocupada está diciendo a los marroquíes que, aunque estén ocupando su tierra, no ocuparán nunca sus mentes.

 

– El factor fundamental de resistencia, ¿no debería ser la política?

– Bueno, los dirigentes políticos del pueblo saharaui, conscientes de la situación (la local y la global), han hecho lo que sus muchas limitaciones les han permitido: fomentar el sentimiento de pertenencia a un mismo pueblo, fortalecer la unidad y la solidaridad de los refugiados y mantener vivo el sueño de la recuperación del territorio usurpado. Son elementos que propician resistir en condiciones durísimas, y el esquema ha funcionado durante estos 42 años. Alguien podría decir, con razón, que, con palabras excelsas y con valores sociales, se pueden alimentar los espíritus, pero los cuerpos quedan hambrientos… Pero ¿qué más podía aportar el Frente Polisario careciendo de fuentes de ingresos y con escasos aliados?

La estructura política internacional era quien debía y podía haber hecho posible una resistencia más llevadera y más digna, pero ha sido la cooperación internacional la que más ha colaborado con los refugiados.

 

– ¿En qué está fallando la comunidad internacional?  Y más concretamente, ¿qué papel debería jugar España en el conflicto?

– La mal llamada “comunidad” internacional (porque, de comunidad, no tiene nada), viene a ser como un barrio (el planeta) con tres o cuatro matones, cada uno con su séquito de secuaces. Tanto los matones como los súbditos se mueven por intereses meramente económicos y sin ningún código moral o humanitario. El único objetivo es el mantenimiento del poder para seguir haciendo dinero. Este mecanismo o montaje se reviste de países, políticos, relaciones diplomáticas, leyes y dinámicas pseudodemocráticas, pero, tras los ropajes sólo hay avaricia y geoestrategia.

A la “comunidad” internacional no le interesa nada que no le proporcione poder o dinero, y la causa saharaui no ofrece ni una cosa ni la otra.

Un esbozo de la imagen puede ser éste: Marruecos quiso ganar peso como esbirro ante los matones y, cuando tuvo la ocasión, ocupó el Sahara; lo hizo porque tenía asegurado el beneplácito de sus dos jefes, EE.UU. y Francia. Los saharauis tuvieron que buscar apoyo en otros matones diferentes, pero Rusia estaba entonces en plena transformación interna y el lobby árabe y musulmán desconfió de un recién llegado que hablaba de revolución socialista y de laicismo.

El resultado: esa “comunidad” internacional se desentendió del problema saharaui porque éstos eran pocos y porque se dejaron engañar con la promesa de un inminente referéndum de autodeterminación con el que los llevan mareado desde hace un cuarto de siglo.

No, la “comunidad” internacional no ha fallado en nada. Ha actuado conforme a su idiosincrasia y con arreglo a sus mecanismos habituales…

¿España? Todas las apelaciones humanistas que se le han hecho blandiendo su responsabilidad histórica, su ética nacional y su latente necesidad de reparar su actuación vergonzosa en el abandono del pueblo saharaui son músicas celestiales. En el momento del abandono, el país tenía una larguísima dictadura en el lecho de muerte con la consiguiente incertidumbre de la ineludible transición. Además, España estaba a lo que dijera el matón que le protegía, a quien no podía negarle nada.

En este conflicto, España no ha jugado más papel que el de la actuación vergonzosa, el engaño y el ridículo. Quien verdaderamente ha jugado un papel activo y ejemplar ha sido su gente, esa riada de personas anónimas que, desde el principio, se han solidarizado con el pueblo saharaui y con su causa.

 

– Según usted, ¿qué debería ocurrir para que el pueblo saharaui lograra la recuperación de su territorio legítimo y encontrara, por fin, la libertad?

– Aquí, la respuesta debería de ser coyunturalmente correcta y correspondería aportar palabras bonitas y de ánimo… pero yo no quiero dar jabón a los saharauis diciéndoles lo que no pienso. No; con los datos geopolíticos y económicos que imperan en estos momentos, con las estrategias actuales de reordenación del funcionamiento del mundo y con las dinámicas sociales que se están implantando globalmente en el “primer mundo” (ignorancia y ociocentrismo), no hay ningún dato significativo (detalles sí que hay) que señale hacia una solución del contencioso saharaui.

Es muy difícil concebir un acontecimiento global que pueda desencadenar los cambios necesarios para que los saharauis puedan recuperar su territorio. No puedo imaginarlo ni a corto ni a medio plazo. Aunque me duela, yo veo a los saharauis teniendo que soportar la situación actual por muchos años…

Es verdad que siempre queda la desesperada vuelta a las armas. Pero la guerra ya no es lo que era. ¿Qué puede hacer un ejército ilusionado pero pobre frente a los misiles soltados por drones y teledirigidos por operadores sentados ante un ordenador? ¿Qué pueden hacer los mapas y el conocimiento del terreno frente a las imágenes por satélite?…

Está claro que se obtendría un triunfo de valor incalculable: el problema saharaui saltaría al comedor de todos los hogares del mundo en forma de noticia, pero ¿cuántos minutos?, ¿cuántos días?… ¿Se obtendría así la meta soñada?…

 

– En su resolución de 19 de julio de 2018, y por tercera vez en menos de un año, el Tribunal Supremo de la Unión Europea (TUE) ha vuelto a confirmar que el acuerdo pesquero entre la Unión Europea (UE) y Marruecos no es válido porque incluye zonas pertenecientes al territorio del Sahara Occidental. Parece que el pueblo saharaui está ganando importantes batallas jurídicas y diplomáticas, pero parece también que el incumplimiento de la legalidad internacional por parte de algunos Estados y, en concreto, de la UE hace que el tiempo juegue en favor de Marruecos. ¿Cree que se están agotando las vías pacíficas y de diálogo? En otras palabras, ¿se está empujando al pueblo saharaui a retomar las armas?

– La Unión Europea, en esencia, no es más que una lonja de negocios. El nivel de formación de sus ciudadanos y la tradición fiscalizadora de las decisiones políticas de sus medios de comunicación le obligan a vestir sus intereses económicos con los ropajes del bien social, la construcción solidaria de una ciudadanía diversa y otras florituras florentinas. No se le puede negar su empeño en guardar determinadas formas educadas y en tratar de manejar ciertos códigos morales… pura fachada. La UE trabaja afanosamente para preservar y mejorar los negocios de algunos de sus ciudadanos (que, por cierto, no tienen bandera). Es así desde su fundación y así seguirá.

Para apaciguar las protestas de algunos eurodiputados díscolos, la UE puede plantear a su socio comercial Marruecos que no va a negociar con artículos procedentes del Sahara Occidental porque es algo que, jurídicamente, no le pertenece; pero en cuanto el reino alauita insinúa que dejará de comprar armas a Francia, que dará rienda suelta a los miles de migrantes subsaharianos y propios que están retenidos en su territorio y que hará la vista gorda con el tráfico de la droga rifeña que demanda y consume Europa, la UE se merienda sus exigencias y planteamientos éticos y firma el acuerdo… Los tribunales de justicia pueden decir misa. Incumplir sentencias internacionales está a la orden del día: todo el mundo lo hace.

Esto no empuja ni frena la opción bélica de los saharauis. No es algo nuevo… Lo que realmente está acercando la lucha armada es el hartazgo del pueblo saharaui del baile de promesas y mentiras en el que le tiene atrapado la ONU.

 

– ¿Qué le llevo a escribir este libro? 

Siempre que he preguntado a las autoridades saharauis qué podía hacer por su causa una persona a título individual, he recibido la misma respuesta: “Hable de nosotros. Explique nuestra situación a sus familiares y amigos… Ayúdenos a impedir que el olvido sepulte nuestra causa, elimine nuestras reivindicaciones y arrase con nuestros sueños… Explique que seguimos aquí, a pesar del tiempo que ha pasado; explique que, después de 40 años, seguimos esperando una solución pacífica a nuestro conflicto, una solución que nos saque de esta dura situación y nos devuelva a nuestra tierra. Eso puede hacer por nosotros.” 

La demanda es tan humilde como sabia porque el paso del tiempo produce, sobre los hechos y sobre las cosas, dos efectos devastadores: el olvido paulatino y, al final, el silencio… Es ese paso del tiempo (posiblemente diseñado en algún despacho político lejano) el que ha acabado convirtiéndose en el nuevo (otro) enemigo de los saharauis. Y eso me dispongo a hacer: a hablar del pueblo saharaui para arrebatárselo al silencio; a recordar su situación para vencer al olvido. 

En eso, Pedro, estamos en el mismo punto. En buena parte, se lo debemos.

Nos vemos el sábado.

 

Cartel del acto de presentación del libro para el próximo sábado, 1 de septiembre.

 

 

(*) Imagen de cabecera: detalle de la portada del libro Refugiados permanentes. Los dilemas del pueblo saharaui. La fotografía es de Pere Tordera.

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